¡Xié, xié Nati! Gracias a Naty tenemos las instrucciones de este juego que lleva años rondándonos y al que hemos jugado en Essaouira, Shangai, Guilin, Gijón, Oviedo...
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lunes, 16 de septiembre de 2013
Juego con el hilo, intrucciones
¡Xié, xié Nati! Gracias a Naty tenemos las instrucciones de este juego que lleva años rondándonos y al que hemos jugado en Essaouira, Shangai, Guilin, Gijón, Oviedo...
jueves, 13 de diciembre de 2012
¿Nos reunimos?
Quisiera poder compartir este libro con otras personas, hacer una lectura comentada, volver a leerlo y marcar aquellos fragmentos que nos impresionan, que nos emocionana, que nos impactan para compartirlos con los demás, ... ¿te animas?
Nos vemos el 1 de febrero, a las 12 en el café Ópera Prima en Gijón, mirando al mar desde allí, al horizonte.
miércoles, 25 de enero de 2012
El hilo llega a China
Hoy uno de mis alumnos chinos me sorprendió muy gratamente, él sabe jugar con el hilo de lana, a hacer figuras, el pez, la cuna... No recuerda el nombre de este juego, pero lo aprendió en China.¿Será este juego universal o totalmente intercultural?
Me pregunto :¿cómo nació este juego? ¿Dónde? ¿Cómo se expandió por el mundo? ¿Surgió tal vez al unísono en distintos puntos de la geografía?



Un profesor al verme recordó a su padre, él sabía jugar a esto, jugaba y hacia figuras muy complejas que el enseñó un "moro" de los que había por la Felguera hace más de cincuenta años.
sábado, 14 de enero de 2012
Jardines Marjorelle (Marraquech)
El Jardín Majorelle nació como un proyecto de jardín del pintor francés Jacques Majorelle en el año 1931. De ahí que los colores sean tan importantes y tan presentes en el jardín. Años antes el pintor compró el terreno y ahí edificó su vivienda estilo "Art-Nouveau", y aprovechó las nombrosas palmeras existentes para crear el jardín. Debido a su interés por la botánica, fue incluyendo nuevas especies traídas de diversos lugares del mundo para ir aumentando su colección hasta las 300 de hoy en día.
Actualmente, y desde 1980, el Jardín Majorelle pertenece al modista Yves Saint-Laurent, quien se apropió del jardín después de la repatriación y desaparición de Jacques Majorelle en París, y creó una asociación para su conservación y mantenimiento.
Actualmente descansan los restos de Yves Saint Laurent en un rincón del jardin.
Se trata de una reserva natural de cactus, bambúes, buganvillas y muchas otras plantas que rodean un chalé de un color azul cobalto. Hoy en día la pintoresca casa en estilo Art Déco hospeda el Museo de Arte Islámico.
http://www.jardinmajorelle.com/
Cuando entramos en el jardín Majorelle, previo pago de tres euros, el visitante se sume en un país de calma dónde el color y las texturas de plantas provenientes de los cinco continentes conviven exuberantes gracias al toque que su actual propietario, el diseñador de moda Ives Saint Laurent, ha dado en cada rincón después de su restauración.
Una gran colección de cactus de todo el mundo recortan el horizonte de este jardín, unificado por los colores azul, amarillo y verde estuco. Dicen que el diseñador de moda encontraba en los jardines Majorelle la inspiración y la musa para muchos de sus diseños. Realmente no es difícil imaginarse gasas o sedas estampadas con los colores y formas naturales que salpican el jardín. Una larga paleta de verdes, del pastel al hierba, añaden a las perfectas composiciones de volúmenes y texturas un orden y un matiz que transportan a la tranquilidad. Sentarse en uno de sus bancos y ver dejar caer la tarde, con la luz fundiéndose entre las espinas terciopelo, es una verdadera delicia. Y el punto y aparte de estos jardines, que los diferencian eternamente del resto de Marrakech es un azul tan intenso y vívido que por su propia singularidad ha adquirido ya el nombre de Azul Majorelle.
Este jardín está recomendado principalmente a los amantes de las plantas, de los jardines, y sobretodo de los cactus. Existen mil y una variedades, muchas de ellas difíciles de encontrar concentradas en cualquier otro lugar. El jardín está muy limpio y muy bien conservado. A pesar de formar parte de muchos tours turísticos de la ciudad, por la tarde es un lugar bastante tranquilo que invita a sentarse en alguno de sus rincones y dejar caer las horas, que imprimen diferentes formas y texturas a composiciones limpias y neutras.
Jacques Majorelle fue uno de los más reconocidos coleccionistas de plantas. Se entrevé que por encima de todo, los cactus y las palmeras fueron su gran debilidad. Después de su muerte, las manos de un artista y diseñador como Yves Saint Laurent han permitido que el primer objetivo de los jardines perviviera a su creador. Hoy es posible visitarlo y reconocer en muchos espacios la delicada mano de su impulsor.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Madrassa ben Yuseff
Antes de la caída de Granada, y tras la caída del imperio almohade, se creó en el norte del Magreb un nuevo imperio mucho menos rigorista, los benimerines o meriníes (1243-1471) que mantuvieron numerosas luchas contra los cristianos españoles (la famosa Batalla del río Salado) por mantener el control del estrecho de Gibraltar.
Tras su caída aparece la dinastía Said (1527-1659) que recogen a los numerosos emigrantes de Al Andalus (primero los del reino nazarí y posteriormente a los moriscos que se rebelan contra Felipe II en las Alpujarras y más tarde son expulsados por Felipe III).
Todas estas conexiones hacen del arte de estas dos dinastías un estilo directamente entroncado con el mundo nazarí, del que retoman formas, tipologías y decoraciones, aunque sin evolucionar en exceso, dando a su arte un marcado signo conservador.
Quizás el edificio que mejor manifieste la magnificencia de este estilo sea la madrasa de Ben Youssef (Marrakesch), creada en tiempos meriníes y reconstruida en el XVI por los sadíes
Esta construcción era una escuela coránica que con sus más de 130 celdas podía llegar a albergar a más de 900 estudiantes.
Su organización se realiza en trono a un gran patio central, al que se llega por un pasillo transversal (en forma de codo) que permite la intimidad de este centro de la comunidad con una alberca con fuentes y un oratorio en su lado corto.
Este oratorio, con su mirab en la pared frontal, tiene la típica división tripartita, con dos alcobas laterales separadas por arquerías (muy similar a la que podemos encontrar en los reales Alcázares de Sevilla). La parte central la cubre una magnífica bóveda de mocárabes en yeso como las que nos encontramos en la Alhambra.
Las celdas se organizan en los dos lados largos, con ventanas tanto hacia el patio central, como al exterior o a unos diminutos patios que permiten iluminar los pisos bajos. Su espacio interior es mínimo.
La Medersa era una escuela de alto prestigio al estilo universitario, donde se enseñaba teología, derecho coránico, lengua y literatura árabes, astronomía y matemáticas.
Dice Juan Goytisolo, que reside en Marrakech, que la Medersa es el monumento más importante de Marrakech después de la Koutoubía, El escritor suele sentarse en el patio de la Medersa para leer y disfrutarse del silencio y de la tranquilidad.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
LABERINTOS EN ÁFRICA
viernes, 16 de diciembre de 2011
Essaouira, la ciudad del deseo
Essaouira,Essaouira, tiene musicalidad este nombre, nombra a la ciudad de los vientos y del deseo, nombrada como Mogador en los libros de un mejicano: Alberto Ruy Sánchez.
Fue en su libro Los jardines secretos de Mogador,( 2001)
cuando la vi por primera vez, y así comencé a explorar sus laberintos, de la mano de Jachicha, a través de la literatura de este escritor... leí sus obras anteriores, y esperé con ansiedad la última entrega en 2007: La mano en el fuego.
Recorrí sus callejuelas, sus murallas guiada por su voz... mientras alimentaba el deseo de despertarme en esa muralla, de recorrerla, de tocarla... desde el asombro.
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(Fragmento de Nueve veces el asombro)
Fue en su libro Los jardines secretos de Mogador,( 2001)
cuando la vi por primera vez, y así comencé a explorar sus laberintos, de la mano de Jachicha, a través de la literatura de este escritor... leí sus obras anteriores, y esperé con ansiedad la última entrega en 2007: La mano en el fuego.Recorrí sus callejuelas, sus murallas guiada por su voz... mientras alimentaba el deseo de despertarme en esa muralla, de recorrerla, de tocarla... desde el asombro.
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(Fragmento de Nueve veces el asombro)
DE LA APARICIÓN DE
MOGADOR
1. Dicen que Mogador no existe, que la llevamos dentro.
2. Pero otros dicen que sí existe y que, justamente, la llevamos dentro.
3. Otros, con apariencia de saber mucho más, lo cual ya crea cierta desconfianza, afirman que Mogador existe también sobre la costa Atlántica del norte de África, disfrazada sólo desde hace algunas décadas bajo un nombre al que algunos atribuyen poderes mágicos: Essaouira. Que se debe pronunciar muy rápido, como si las vocales casi no existieran en la palabra que suena sorpresiva: “SsueiRa”. Nombre veloz y silbante al que se dan tres significados: la bien trazada, la de las murallas pequeñas, la ciudad del deseo.
4. Sobre el primero, “la bien trazada”: se dice que el laberinto que dibujan sus calles es otra palabra mágica, perfecta pero inpronunciable por boca humana. Una palabra divina que sólo desde las alturas del cielo se lee y se entiende. Desde la tierra sólo se obedece, como al destino, a la atracción de los planetas o a los llamados de la carne.
5. Sobre el segundo significado de la palabra Essaouira hay que decir claramente que sus murallas no son pequeñas. Desde el desierto o desde el mar se ven como gigantes desafiando a las olas. Pero abrazan y aprietan con tanta firmeza y dulzura protectora a su ciudad que reducen y alivian las preocupaciones exageradas o las angustias de sus habitantes. Facilitan por tanto el goce. De ahí esta otra explicación escuchada con frecuencia: cuando se dice que sus murallas son pequeñas no se habla de su tamaño sino del afecto que se les tiene. Se está usando un diminutivo de cariño para nombrarlas.
6. Por muchas razones y sinrazones le dicen “la ciudad del deseo”. Porque fue inventada por marinos deseosos de un puerto. O por los que navegan el otro mar de Mogador, el de arena: los caravaneros que cruzan el Sahara deseando también lugar de arribo y temporal recogimiento. Así, de ambos modos estuvo dentro de todos los navegantes mucho antes de estar donde la vemos. Incluso actualmente, cada vez que alguien va hacia ella, en su larga travesía de agua o de arena, siempre la reinventa.
7. Dicen que antes de verla desde el mar, con sus murallas resplandecientes: picoteadas del brillo de la sal, uno la reconoce inmediatamente a flor de piel porque es una ciudad que nos toca. A veces con cierta brusquedad sobre todos los sentidos, pero casi siempre con su presencia firme pero delicada. El golpe de asombro pega luego tanto en los ojos como en el resto del cuerpo. No más y no menos fuerte por dentro que por fuera.
8. Dicen que al mirarla uno no puede evitar apasionarse por ella y de paso enamorarse con terrible fijeza de quien se tenga cerca. Que las parejas surgidas así nunca pelean ni pueden separarse. Descubrirla es un ritual compenetrante.
9. Pero otros dicen que sólo pueden verla, a lo lejos, quienes previamente estén terriblemente enamorados o al menos sientan que la urgencia de un deseo los desborda, los quema. Dicen que en una lengua muy antigua del desierto la palabra Mogador significa “lugar donde aparece el destino, donde se hace visible de pronto el sentido de la vida porque toma el cuerpo de un deseo ardiente”.
••• ••• •••
II
DE LA ESPIRAL
Y SUS CONSESUENCIAS
10. Tal vez quien lee esto contando los pasos de su mirada ya se habrá dado cuenta. Pero tal vez lo sabía de antemano: en Mogador nadie cuenta de diez en diez sino de nueve en nueve. Y aunque conocen el cero no lo ejercen con prisa, lo dejan pasar por delante en silencio. Les gusta el círculo incompleto, el que comienza de nuevo hacia adentro antes de cerrarse: la espiral, que es el dibujo original del arábigo nueve.
11. Dicen que la línea de la vida y el deseo crecen y avanzan aquí con más naturalidad en forma de espiral interminable, lenta, indecisa, siempre comenzando de nuevo. Y no se piensan de ninguna manera como la falsa cima escalable con la cual se les representa con frecuencia en otras ciudades y culturas. La cúspide única de poder y riqueza, el climax, el éxito ascendente, la fama mayor, no gozan de ningún prestigio en Mogador. Todo lo contrario: de quien vive el espejismo de haber ascendido se dice que “se cayó hacia arriba”.
12. Que cuando la gente de Mogador habla, también lo hace en forma de espiral y de esa manera se acerca o se aleja de lo que quiere decir, muy lentamente y dándole la vuelta. Que de la misma manera avanzan los mogadorianos hacia las cosas y por eso han trazado sus calles reproduciendo ese recorrido espiral que ya está en su naturaleza.
13. Que al centro de la espiral está la Plaza del Caracol, donde se entretejen y anudan definitivamente todas las historias, todos los destinos, todas las religiones, todas las virtudes y todos los defectos, todos los amores y todos los deseos. Todos esos hilos de vida viajan invisibles en el viento hacia la Plaza. Y a cada uno nos corresponde poco a poco irlos descifrando o por lo menos ir reconociendo los nuestros.
14. Y como prueba de la existencia enroscada de lo invisible en la Plaza del Caracol, corazón palpitante de Mogador, a ciertas horas reinan los remolinos.
15. Dicen que hasta en los procedimientos del comercio los habitantes de Mogador siguen esta regla concéntrica, no escrita, que todo lo vuelve lenta espiral. Y lo hacen también en la política, aparentemente indirecta y esquiva. Y hasta en las tácticas militares defensivas cuyo principio es aquí el de los castillos concéntricos.
16. Y por supuesto, en el amor de todo tipo reina la espiral. Nadie busca el orgasmo, esa otra desprestigiada cima, y por eso se le encuentra varias veces en cada viaje hacia un centro siempre lejano y, paradójicamente, siempre presente, alcanzado. Dicen que los mogadorianos hacen el amor pensando que recorren las calles de su ciudad. Y que nunca es igual su paseo concéntrico: siempre algo inusitado los sorprende. Es parte de la naturaleza de la espiral y del deseo.
17. Que este procedimiento espiral incluye el amor a sus dioses. A los que se llega penetrando moradas que encierran nuevas moradas. Hacia las cuales nunca se debe avanzar en línea recta: es inútil. Y que a los dioses y a los amantes de Mogador se llega de manera similar: consumiéndose lentamente en los anillos de su fuego.
18. Paradójicamente, tal vez por la redondez de la tierra, los mogadorianos son reconocidos como muy buenos, incluso notables navegantes. Saben que en este mundo lleno de agua y aire y fuego la línea más directa entre dos puntos sobre la tierra nunca es una recta.
http://www.angelfire.com/ar2/libros/Cosas9x9.html
MOGADOR
1. Dicen que Mogador no existe, que la llevamos dentro.
2. Pero otros dicen que sí existe y que, justamente, la llevamos dentro.
3. Otros, con apariencia de saber mucho más, lo cual ya crea cierta desconfianza, afirman que Mogador existe también sobre la costa Atlántica del norte de África, disfrazada sólo desde hace algunas décadas bajo un nombre al que algunos atribuyen poderes mágicos: Essaouira. Que se debe pronunciar muy rápido, como si las vocales casi no existieran en la palabra que suena sorpresiva: “SsueiRa”. Nombre veloz y silbante al que se dan tres significados: la bien trazada, la de las murallas pequeñas, la ciudad del deseo.
4. Sobre el primero, “la bien trazada”: se dice que el laberinto que dibujan sus calles es otra palabra mágica, perfecta pero inpronunciable por boca humana. Una palabra divina que sólo desde las alturas del cielo se lee y se entiende. Desde la tierra sólo se obedece, como al destino, a la atracción de los planetas o a los llamados de la carne.
5. Sobre el segundo significado de la palabra Essaouira hay que decir claramente que sus murallas no son pequeñas. Desde el desierto o desde el mar se ven como gigantes desafiando a las olas. Pero abrazan y aprietan con tanta firmeza y dulzura protectora a su ciudad que reducen y alivian las preocupaciones exageradas o las angustias de sus habitantes. Facilitan por tanto el goce. De ahí esta otra explicación escuchada con frecuencia: cuando se dice que sus murallas son pequeñas no se habla de su tamaño sino del afecto que se les tiene. Se está usando un diminutivo de cariño para nombrarlas.
6. Por muchas razones y sinrazones le dicen “la ciudad del deseo”. Porque fue inventada por marinos deseosos de un puerto. O por los que navegan el otro mar de Mogador, el de arena: los caravaneros que cruzan el Sahara deseando también lugar de arribo y temporal recogimiento. Así, de ambos modos estuvo dentro de todos los navegantes mucho antes de estar donde la vemos. Incluso actualmente, cada vez que alguien va hacia ella, en su larga travesía de agua o de arena, siempre la reinventa.
7. Dicen que antes de verla desde el mar, con sus murallas resplandecientes: picoteadas del brillo de la sal, uno la reconoce inmediatamente a flor de piel porque es una ciudad que nos toca. A veces con cierta brusquedad sobre todos los sentidos, pero casi siempre con su presencia firme pero delicada. El golpe de asombro pega luego tanto en los ojos como en el resto del cuerpo. No más y no menos fuerte por dentro que por fuera.
8. Dicen que al mirarla uno no puede evitar apasionarse por ella y de paso enamorarse con terrible fijeza de quien se tenga cerca. Que las parejas surgidas así nunca pelean ni pueden separarse. Descubrirla es un ritual compenetrante.
9. Pero otros dicen que sólo pueden verla, a lo lejos, quienes previamente estén terriblemente enamorados o al menos sientan que la urgencia de un deseo los desborda, los quema. Dicen que en una lengua muy antigua del desierto la palabra Mogador significa “lugar donde aparece el destino, donde se hace visible de pronto el sentido de la vida porque toma el cuerpo de un deseo ardiente”.
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II
DE LA ESPIRAL
Y SUS CONSESUENCIAS
10. Tal vez quien lee esto contando los pasos de su mirada ya se habrá dado cuenta. Pero tal vez lo sabía de antemano: en Mogador nadie cuenta de diez en diez sino de nueve en nueve. Y aunque conocen el cero no lo ejercen con prisa, lo dejan pasar por delante en silencio. Les gusta el círculo incompleto, el que comienza de nuevo hacia adentro antes de cerrarse: la espiral, que es el dibujo original del arábigo nueve.
11. Dicen que la línea de la vida y el deseo crecen y avanzan aquí con más naturalidad en forma de espiral interminable, lenta, indecisa, siempre comenzando de nuevo. Y no se piensan de ninguna manera como la falsa cima escalable con la cual se les representa con frecuencia en otras ciudades y culturas. La cúspide única de poder y riqueza, el climax, el éxito ascendente, la fama mayor, no gozan de ningún prestigio en Mogador. Todo lo contrario: de quien vive el espejismo de haber ascendido se dice que “se cayó hacia arriba”.
12. Que cuando la gente de Mogador habla, también lo hace en forma de espiral y de esa manera se acerca o se aleja de lo que quiere decir, muy lentamente y dándole la vuelta. Que de la misma manera avanzan los mogadorianos hacia las cosas y por eso han trazado sus calles reproduciendo ese recorrido espiral que ya está en su naturaleza.
13. Que al centro de la espiral está la Plaza del Caracol, donde se entretejen y anudan definitivamente todas las historias, todos los destinos, todas las religiones, todas las virtudes y todos los defectos, todos los amores y todos los deseos. Todos esos hilos de vida viajan invisibles en el viento hacia la Plaza. Y a cada uno nos corresponde poco a poco irlos descifrando o por lo menos ir reconociendo los nuestros.
14. Y como prueba de la existencia enroscada de lo invisible en la Plaza del Caracol, corazón palpitante de Mogador, a ciertas horas reinan los remolinos.
15. Dicen que hasta en los procedimientos del comercio los habitantes de Mogador siguen esta regla concéntrica, no escrita, que todo lo vuelve lenta espiral. Y lo hacen también en la política, aparentemente indirecta y esquiva. Y hasta en las tácticas militares defensivas cuyo principio es aquí el de los castillos concéntricos.
16. Y por supuesto, en el amor de todo tipo reina la espiral. Nadie busca el orgasmo, esa otra desprestigiada cima, y por eso se le encuentra varias veces en cada viaje hacia un centro siempre lejano y, paradójicamente, siempre presente, alcanzado. Dicen que los mogadorianos hacen el amor pensando que recorren las calles de su ciudad. Y que nunca es igual su paseo concéntrico: siempre algo inusitado los sorprende. Es parte de la naturaleza de la espiral y del deseo.
17. Que este procedimiento espiral incluye el amor a sus dioses. A los que se llega penetrando moradas que encierran nuevas moradas. Hacia las cuales nunca se debe avanzar en línea recta: es inútil. Y que a los dioses y a los amantes de Mogador se llega de manera similar: consumiéndose lentamente en los anillos de su fuego.
18. Paradójicamente, tal vez por la redondez de la tierra, los mogadorianos son reconocidos como muy buenos, incluso notables navegantes. Saben que en este mundo lleno de agua y aire y fuego la línea más directa entre dos puntos sobre la tierra nunca es una recta.
http://www.angelfire.com/ar2/libros/Cosas9x9.html
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