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martes, 22 de abril de 2014

Las PATRONAS ( II PARTE)

LAS PATRONAS (PARTE 2)

Mar 26, 2014Escrito por  Donovan Hernández/Ilustración: Joshua Hernández
Las patronas (Parte 2)

II. ¿Cuántas bocas caben en un tren?

Rompiendo tabús
“Una vez corretearon unos migrantes donde pasa el tren, acusándolos de robarse algo”, relata Leonila. “La patrulla de Amatlán llegó, la tía se opuso a que los arrestaran. El policía dijo que si le roban algo, que no cuente con ellos.” Pero la tía, rompiendo todos los prejuicios hacia los migrantes generados dentro de la comunidad, los defendía diciendo que se trataba de personas con hambre, con necesidades igual que uno. No eran ladrones.
Sus reacciones sorprendían a tirios y troyanos. Algo había cambiado definitivamente.
Las autoridades (que siempre se sienten incómodas con la iniciativa autónoma de la sociedad) son consecuentes: no las apoyan; en el pueblo dicen, en un despliegue de humor involuntario, que el gobierno les daba dinero para hacer su trabajo “filantrópico” (cosa que de no ser surreal sonaría a broma de puritito humor negro); ellas continúan, titanes con hombros de mujer, alzadas contra el desprecio (al que antes se le llamaba derechamente xenofobia), mostrando que a veces la fuerza está en la voluntad y que si se quiere se puede. Y voluntad no les falta. La imagen es impresionante: a orillas del tren, las mujeres dan pan a personas que son más fugaces que cualquier estrella y generan la efímera comunidad que se regodea en el sencillo milagro de este placer, intensificado por obra de la acción ¡Aquí está México poetas! ¡Aquí está la rosabaila aquí! Ya entrados en símbolos, recuerden que el tren todavía en el optimista e industrial siglo XIX era el emblema del progreso y la pax porfiriana (siempre y cuando la canción trate de mexicanos) y que hoy está asociado al fracaso de la modernidad que transporta fuerzas de trabajo inabsorbibles para América Latina. Pero, ¿de verdad son inabsorbibles? En esta apartada orilla, cuyo nombre es Amatlán, donde los trenes no hacen parada y siguen su travesía al norte, se entrelazan flujos migratorios; transportes desvencijados que, por peor nombre, se les conoce como La Bestia (tan humanas son Las Patronas que, a ver, ¿quién se acordaba de la mala fama del tren?); amas de casa devenidas en defensoras de derechos de los hermanos centroamericanos; construcción de la solidaridad desde abajo y la lucha diaria por una planetarización que no olvide a todos los que son del color de la tierra. Por si fuera poco, estos ingredientes se cuecen en una cacerola de barro donde se regodea la amistad entre extranjeros. Todos los caminos llevan a Las Patronas.
… O deberían.

Para todo mal, ¡autogestionar!
Por el Municipio de Amatlán cruzan los trenes. “En Medias Aguas se juntan dos rutas: una que viene de Tenosique, Tabasco; la otra que sale de Arriaga, Chiapas, que llega a Tierra Blanca y de ahí pasa por La Patrona”. De ahí, de su raigambre en la localidad, surge el mote con el que todos las conocen. Las Patronas designa menos una cualidad de carácter que una ubicación en la tierra. Las dadivosas cuentan que hay temporadas en las que el flujo migratorio sube, y otras en las que se estabiliza. “En diciembre bajó, el primero de enero aumentó” -refieren escuetamente. “En temporada de calor vuelve a aumentar ¡Hay trenes con más de mil gentes!” La mayor angustia de estas mujeres es que la comida no de abasto para todas las bocas que caben en un tren. Diario cocinan entre 8 o 10 kilos de arroz. Según sus cálculos, en verano han llegado a cocinar hasta 50 kilos del cereal y demás leguminosas. Cada día salen dos trenes.
Apenas este año se han incorporado al trabajo dos varones: el esposo de una tía y un jovencito, adolescente. Todas las demás son mujeres, 15 asombrosas mujeres para ser exactos.
Leonila, sin ningún ostento, me cuenta que en 2013 las postularon para el Premio Nacional de Derechos Humanos; el cual recibió su tía Norma Romero a nombre y representación de todas. También recibieron el Premio Nacional de Acción Voluntaria en 2014, otorgado por SEDESOL y el DIF nacional.

Habla la tía
Silencio: al fin la tía, Fabiola González, se anima a charlar. Hasta ahora había escuchado a su sobrina, asintiendo calladita, cargando a una bebé que tendrá un ejemplo increíble. La escucho pasmado. Pregunto qué cosa era la que su entrega a los migrantes había cambiado en ellas. “Conocerlos”, dice sin más. “Pensaba que iban por gusto. Con el trato fui viendo que era necesidad, darles mejor vida a las familias.”
Les da gusto cuando saben que sus amigos llegaron bien. Su paga, dicen, “son las bendiciones que nos dan.”
Desde entonces no son solamente amas de casa, madres, esposas, cabezas de familia. Cada mes iban a una presentación como invitadas, se formaban, aprendían, pero sobre todo enseñaban. Fueron a la UNAM en una semana de la solidaridad. Dan pláticas en la Ibero, el ITAM; en todos lados las invitan a charlar. Las llevan a salones; se forman grupos que se interesan activamente, que participan. Cuando van a las escuelas, los estudiantes (comunidad siempre solidaria) organizan recolectas y les llevan víveres. La gente de Baja California, Monterrey y otras regiones del norte que ven su portal en internet les preguntaban cómo podrían ayudar. Abrieron una cuenta donde reciben donaciones.
Pero su preocupación, dice la tía, es “que venga un tren con más de cien”.
La tía ríe.

¿Cómo definirían la solidaridad con sus propias palabras?
Les pregunto.
Leonila sonríe. Será que acaso no lo ha pensado, será que lo sabe de más. En ellas la práctica siempre estuvo por delante de la teoría. Recompone, contesta mientras cuida las manitas del pequeñín que quiere jugar con el chile, con el Polvo de oro:
“Que no haya más violencia. Respetar el derecho a migrar, migrar no es un delito; pues hay tantas violaciones contra estos hermanos… Tienen los mismos derechos que nosotros, a que les demos la mano. También sus gobiernos no están haciendo nada; cuantos muertos y mutilados hay. Hay que actuar.”
A Leonila y a Fabiola les preocupan los hombres que han sido mutilados, y mucho. Exigen atenciones especiales para ellos.
“Mientras nadie nos diga nada por ayudar a los migrantes, seguiremos apoyando.” Aseguran y cumplen. La nueva legislación en materia de Protección a Migrantes del Instituto Nacional de Migración, implementada en noviembre de 2012, reconoce actualmente la figura de mujeres como Las Patronas, que se dedican a dar asistencia humanitaria.
Ellas son muy conscientes de su trabajo, de su impacto y de sus posibilidades reales.
“Por momentos se atiende el hambre.” Pero bien saben que lo que los migrantes sufren “a veces son secuestros, violaciones. Nosotras aportamos un granito de arena. Sepamos escuchar y distinguir un migrante de quien se hace pasar por migrante. Un migrante pide agua, ropa, zapatos, una noche de descanso.” Y sin embargo, igual que el pan al que cantaba José Emilio Pacheco, Las Patronas acompañan la dicha de la amistad entre desconocidos, la viva imagen de la solidaridad humana. Estoy seguro de que los migrantes, como en la Alabanza del poeta, les piden que reciban sus gracias por liberarnos de hambre y odio.

¿Qué te dicen a ti?
“Que charlen con ellos, que se conozcan y que mañana pueden ser nuestros hijos, nuestros nietos. No a la discriminación."

***

Pueden obtener más información directamente por medio del correo: lapatrona.laesperanza@gmail.com. También por los teléfonos: 045 271 710 4875 / 045 271 149 4037. También encontrarán formas de comunicarse en su portal web:http://ayudahumanitarialaspatronas.blogspot.mx/

Las Patronas ( I Parte)

LAS PATRONAS (PRIMERA PARTE)

Mar 17, 2014Escrito por  Donovan Hernández
Las patronas (primera parte)

 Con ilustraciones de Joshua Hernández
Gracias Quele

Pan que al romperte dejas escapar
 el calor de la tierra, la humedad
 de aquel suelo en que fuiste espiga,
 danos
 el sencillo milagro de este placer,
 acompaña la dicha de la amistad
 y una vez más recibe nuestras gracias
 por liberarnos de hambre y odio.
José Emilio Pacheco, “Alabanza” en Miro la tierra

I. Mujeres del cañaveral
Si recorres suficiente tiempo la Avenida Universidad, no tardarás en llegar a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Ya sabes, la que tiene los muros empedrados y es de color gris; sí, enfrente del Metro Viveros. Allí se encuentran dos mujeres que por sonrisa llevan dos sandías que no les caben en el rostro. Te contagian; te abren un mundo nuevo, mucho mejor. Reposan merecidamente en una esquina, luego de una jornada completa atendiendo su mesita con esmero. Cuidan a sus niños, informan de sus productos a todos los que se acercan con curiosidad; ofrecen un chilito especial, le dicen Polvo de oro, venden café. Estas mujeres –especiales, son como cualquiera- hicieron algo extraordinario: se organizaron solas para auxiliar a los migrantes centroamericanos, quienes a diario pasan por el Municipio de Amatlán de los Reyes, Veracruz, a treinta o cuarenta minutos de Córdoba.
Muchos las llaman Las Patronas, llevan 19 años enseñando a universitarios y sociedad civil, a gobernantes y poderes federales el significado de la solidaridad. Gracias al equipo de Llévate mis amores, que realizan un documental sobre sus esmeros, me enteré que estarían en aquel lugar simbólico. El 26 de febrero charlamos con Leonila Romero y con su tía Fabiola Gonzáles Herrera.

El tren de las Moscas
“Iniciamos en 1995. Bernarda y Rosa compraron pan y leche para consumo familiar. A las siete, de regreso a casa, el tren iba pasando.” En él, agazapados con su esperanza de una vida digna y trabajo, venían varios migrantes; “iban distribuidos de dos, tres personas en cada vagón”, nos dice Leonila. “Les empezaron a gritar que tenían hambre, que si no les regalaban el pan.” Antes la familia de Bernarda se refería a ellos como los Aventureros, los llamaban el Tren de las Moscas: ese era el decir de los abuelos, era el decir de varios en el pueblo; pues estos intrépidos viajeros arriesgan su vida, mientras se sujetan con todas sus fuerzas a la madera de los trenes. Para que esa fuerza no se evaporara, para que arribaran a su destino, las modestas Bernarda y Rosa regalaron el pan.
Algo ocurrió entonces, algo que cambiaba para siempre su lugar en el mundo. Un acto fundacional:
Las generosas mujeres que lanzaban su escaso alimento a los migrantes, recibieron a cambio una retahíla de gratitud; un enjambre de palabras encantadas, sólo para ellas.
Fueron colmadas de bendiciones. Así relatan.
Llegaron a casa, a platicarlo con la abuela Leonila Vázquez (que se llama igual que nuestra entrevistada, al menos la que platica con más desenvoltura).

Hacer lonches
Las mejores historias comienzan con una pregunta sencilla: “¿Y por qué no nos organizamos para hacer lonches?” Los domingos –era costumbre- se reunía la familia para convivir, platicaron entonces. Empezaron a hacer cazuelas de arroz, salsa de huevo, fueron por 400 pesos de tortilla. “¿Pero cómo vamos a aventarles los tacos así nomás?” La abuela compraba bolsas para lanzar los taquitos, proyectiles de la esperanza, pues el tren pasa a toda velocidad y nadie puede detener el andar del transporte improvisado de cientos de “hermanos centroamericanos”.
Así fue hasta el 2000, cuando unos estudiantes del Tec de Monterrey llegaron a la Casa del Migrante de Orizaba. Varios de ellos, nos dice Leonila, hicieron sus tesis sobre migración. Allí les dieron referencia de unas mujeres que daban de comer a los migrantes. Los chicos, impresionados, fueron a buscarlas y fue ese mismo año que las solidarias mujeres se enteraron por primera vez que todas esas personas, a las que habían alimentado por cinco años sin pedir nada a cambio, tenían una condición específica: eran migrantes, venían de Centroamérica. Para ellas, sólo eran humanos; como tú y como yo, hermanos a quienes procurar por el simple hecho de que viven y son vulnerables. Los muchachos, preocupados, les dijeron que debían tomar talleres, informarse sobre los derechos humanos. “Antes era un delito dar de comer a los migrantes” –recuerda la jovial Leonila entre risas. Entonces comenzaron a participar en foros y diplomados. Llegó, sin esperarse, algo de reconocimiento.

Un quelite del cañaveral
2005 fue un punto de inflexión para Las Patronas. Ese año, un estudiante del Tec grabó un corto sobre ellas. Empezaron a tener apoyo de Universidades, pues a la fecha no cuentan con respaldo en su pueblo; en su localidad, sólo la familia las apoya. Actualmente reciben ayuda del D.F. y Jalapa, entre otras regiones de la República. Pero antes, todo lo hacían con sus propios recursos.
El flujo migratorio comenzó a subir, sus bolsillos lo sabían. Hubo que resolver, no iban a cejar; no iban a dejar de repartir esperanza en forma de lonches para todos aquellos abandonados de la globalización. Todos les habían dado la espalda: gobiernos, instituciones, el mundo entero; pero ellas no, ellas eran más fuertes que todo eso: son inquebrantables.
Entonces la abuelita se iba al campo, al cañaveral, a recoger quelite; lo preparaban con rajas. Recogían naranjas y caña, todo lo que encontraban regado en el campo.
En el 2000, un padre de Peñuela les pregunta si hacía falta pan; entonces supieron que los centros comerciales daban esa merma, el pan que no alcanzaban a vender. Y lograron reabastecerse para seguir entregándoselo a los tránsfugas de la pobreza.


Breve nota aclaratoria: Respecto del artículo anterior, publicado en febrero del año que corre, Ana Andrade me solicitó atentamente que hiciera una breve aclaración en relación al episodio final relatado allí. Acerca del polémico evento que implicó a casi 300 migrantes que saltaron la barda divisoria del territorio nacional, Ana desconoce totalmente la identidad de los organizadores y no puede afirmar que se tratara de artistas en específico. Por lo demás, se encuentra muy contenta con el reportaje.

viernes, 28 de febrero de 2014

Chimanada Adichié el peligro de contar la historia única


http://www.ted.com/talks/lang/es/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story.html
 Cuento historias. Y me gustaría contarles algunas historias personales sobre lo que llamo "el peligro de una sola historia". Crecí en un campus universitario al este de Nigeria. Mi madre dice que comencé a leer a los dos años, creo que más bien fue a los cuatro años, a decir verdad. Fui una lectora precoz y lo que leía eran libros infantiles ingleses y estadounidenses. También fui una escritora precoz. Cuando comencé a escribir, a los siete años, cuentos a lápiz con ilustraciones de crayón, que mi pobre madre tenía que leer, escribí el mismo tipo de historias que leía. Todos mis personajes eran blancos y de ojos azules, que jugaban en la nieve, comían manzanas y hablaban mucho del clima, qué lindo era cuando el sol había salido. (Risas) Esto a pesar de que vivía en Nigeria y nunca había salido de Nigeria. No teníamos nieve, comíamos mangos y nunca hablábamos sobre el clima porque no era necesario. Mis personajes bebían cerveza de jengibre porque los personajes de los libros que leía, bebían cerveza de jengibre. No importaba que yo no supiera qué era. (Risas) Muchos años después, sentí un gran deseo de probar la cerveza de jengibre; pero esa es otra historia. Creo que esto demuestra, creo, cuán vulnerables e influenciables somos ante una historia, especialmente en nuestra infancia. Porque yo sólo leía libros donde los personajes eran extranjeros, estaba convencida de que los libros, por naturaleza, debían tener extranjeros, y narrar cosas con las que yo no podía identificarme. Todo cambió cuando descubrí los libros africanos. No había muchos disponibles y no eran fáciles de encontrar como los libros extranjeros. Gracias a autores como Chinua Achebe y Camara Laye mi percepción mental de la literatura cambió. Me dí cuenta que personas como yo, niñas con piel color chocolate, cuyo cabello rizado no se podía atar en colas de caballo, también podían existir en la literatura. Comencé a escribir sobre cosas que reconocía. Yo amaba los libros ingleses y estadounidenses que leí, avivaron mi imaginación y me abrieron nuevos mundos; pero la consecuencia involuntaria fue que no sabía que personas como yo podían existir en la literatura. Mi descubrimiento de los escritores africanos me salvaron de conocer una sola historia sobre qué son los libros. Mi familia es nigeriana, convencional de clase media. Mi padre fue profesor, mi madre fue administradora y teníamos, como era costumbre, personal doméstico de pueblos cercanos. Cuando cumplí ocho años, un nuevo criado vino a casa, Su nombre era Fide. Lo único que mi madre nos contaba de él era que su familia era muy pobre. Mi madre enviaba batatas y arroz, y nuestra ropa vieja, a su familia. Cuando no me acababa mi cena, mi madre decía "¡Come! ¿No sabes que la familia de Fide no tiene nada?" Yo sentía gran lástima por la familia de Fide. Un sábado, fuimos a visitarlo a su pueblo, su madre nos mostró una bella cesta de rafia teñida hecha por su hermano. Estaba sorprendida, pues no creía que alguien de su familia pudiera hacer algo. Lo único que sabía es que eran muy pobres y era imposible verlos como algo más que pobres. Su pobreza era mi única historia sobre ellos. Años después, pensé sobre esto cuando dejé Nigeria para ir a la universidad en Estados Unidos. Tenía 19 años. Había impactado a mi compañera de cuarto estadounidense, preguntó dónde había aprendido a hablar inglés tan bien y estaba confundida cuando le dije que en Nigeria el idioma oficial resultaba ser el inglés. Me preguntó si podría escuchar mi "música tribal" y se mostró por tanto muy decepcionada cuando le mostré mi cinta de Mariah Carey. (Risas) Ella pensaba que yo no sabía usar una estufa. Me impresionó que ella sintiera lástima por mí incluso antes de conocerme. Su posición por omisión ante mí, como africana, se reducía a una lástima condescendiente. Mi compañera conocía una sola historia de África, una única historia de catástrofe; en esta única historia, no era posible que los africanos se parecieran a ella de ninguna forma, no había posibilidad de sentimientos más complejos que lástima, no había posibilidad de una conexión como iguales. Debo decir que antes de ir a Estado Unidos, yo no me identificaba como africana. Pero allá, cuando mencionaban a África, me hacían preguntas, no importaba que yo no supiera nada sobre países como Namibia; sin embargo llegué a abrazar esta nueva identidad y ahora pienso en mí misma como africana. Aunque aún me molesta cuando se refieren a África como un país. Un ejemplo reciente fue mi, de otra forma, maravilloso vuelo desde Lagos, hace dos días, donde hicieron un anuncio durante el vuelo de Virgin sobre trabajos de caridad en "India, África y otros países". (Risas) Así que después de vivir unos años en Estado Unidos como africana, comencé a entender la reacción de mi compañera. Si yo no hubiera crecido en Nigeria y si mi impresión de África procediera de las imágenes populares, también creería que África es un lugar de hermosos paisajes y animales, y gente incomprensible, que libran guerras sin sentido y mueren de pobreza y SIDA, incapaces de hablar por sí mismos, esperando ser salvados por un extranjero blanco y gentil. Yo veía a los africanos de la misma forma en que, como niña, vi la familia de Fide. Creo que esta historia única de África procede de la literatura occidental. Esta es una cita tomada de los escritos de un comerciante londinense, John Locke, que zarpó hacia África Occidental en 1561 y escribió un fascinante relato sobre su viaje. Después de referirse a los africanos negros como "bestias sin casas", escribió: "Tampoco tienen cabezas, tienen la boca y los ojos en sus pechos". Me río cada vez que leo esto y hay que admirar la imaginación de John Locke. Pero lo importante es que representa el comienzo de una tradición de historias sobre africanos en Occidente, donde el África Subsahariana es lugar de negativos, de diferencia, de oscuridad. de personas que, como dijo el gran poeta Rudyard Kipling, son "mitad demonios, mitad niños". Comencé a entender a mi compañera estadounidense, que durante su vida debió ver y escuchar diferentes versiones de esta única historia, al igual que un profesor, quien dijo que mi novela no era "auténticamente africana". Yo reconocía que había varios defectos en la novela, que había fallado en algunas partes, pero no imaginaba que había fracasado en lograr algo llamado autenticidad africana. De hecho, yo no sabía qué era la autenticidad africana. El profesor dijo que mis personajes se parecían demasiado a él, un hombre educado, de clase media. Mis personajes conducían vehículos, no morían de hambre; entonces, no eran auténticamente africanos. Debo añadir que yo también soy cómplice de esta cuestión de la historia única. Hace unos años, viajé de Estados Unidos a México. El clima político en Estados Unidos entonces era tenso, había debates sobre la inmigración. Y como suele ocurrir en Estados Unidos, la inmigración se convirtió en sinónimo de mexicanos. Había un sinfín de historias de mexicanos como gente que saqueaba el sistema de salud, escabulléndose por la frontera, que eran arrestados en la frontera, cosas así. Recuerdo una caminata en mi primer día en Guadalajara mirando a la gente ir al trabajo, amasando tortillas en el mercado, fumando, riendo. Recuerdo que primero me sentí un poco sorprendida y luego me embargó la vergüenza. Me di cuenta que había estado tan inmersa en la cobertura mediática sobre los mexicanos que se habían convertido en una sola cosa, el inmigrante abyecto. Había creído en la historia única sobre los mexicanos y no podía estar más avergonzada de mí. Es así como creamos la historia única, mostramos a un pueblo como una cosa, una sola cosa, una y otra vez, hasta que se convierte en eso. Es imposible hablar sobre la historia única sin hablar del poder. Hay una palabra del idioma igbo, que recuerdo cada vez que pienso sobre las estructuras de poder en el mundo y es "nkali", es un sustantivo cuya traducción es "ser más grande que el otro". Al igual que nuestros mundos económicos y políticos, las historias también se definen por el principio de nkali. Cómo se cuentan, quién las cuenta cuándo se cuentan, cuántas historias son contadas en verdad depende del poder. El poder es la capacidad no sólo de contar la historia del otro, sino de hacer que esa sea la historia definitiva. El poeta palestino Mourid Barghouti escribió que si se pretende despojar a un pueblo la forma más simple es contar su historia y comenzar con "en segundo lugar". Si comenzamos la historia con las flechas de los pueblos nativos americanos, y no con la llegada de los ingleses, tendremos una historia totalmente diferente. Si comenzamos la historia con el fracaso del estado africano, y no con la creación colonial del estado africano, tendremos una historia completamente diferente. Hace poco di una conferencia en una universidad donde un estudiante me dijo que era una lástima que los hombres de Nigeria fueran abusadores como el personaje del padre en mi novela. Le dije que acababa de leer una novela llamada "Psicópata Americano". (Risas) y era una verdadera lástima que los jóvenes estadounidenses fueran asesinos en serie. (Risas) (Aplausos) Obviamente, estaba algo molesta cuando dije eso. (Risas) Jamás se me habría ocurrido que sólo por haber leído una novela donde un personaje es un asesino en serie de alguna forma él era una representación de todos los estadounidenses. Ahora, no es porque yo sea mejor persona que ese estudiante, sino que, debido al poder económico y cultural de Estados Unidos, yo había escuchado muchas historias sobre Estados Unidos Leí a Tyler y Updike, Steinbeck y Gaitskill, no tenía una única historia de Estados Unidos. Hace años, cuando supe que se esperaba que los escritores tuvieran infancias infelices para ser exitosos, comencé a pensar sobre cómo podría inventar cosas horribles que mis padres me habían hecho. (Risas) Pero la verdad es que tuve una infancia muy feliz, llena de risas y amor, en una familia muy unida. Pero también tuve abuelos que murieron en campos de refugiados, mi prima Polle murió por falta de atención médica, mi amiga Okoloma murió en un accidente de avión porque los camiones de bomberos no tenían agua. Crecí bajo regímenes militares represivos que daban poco valor a la educación, por lo que mis padres a veces no recibían sus salarios. En mi infancia, vi la jalea desaparecer del desayuno, luego la margarina, después el pan se hizo muy costoso, luego se racionó la leche; pero sobre todo un miedo político generalizado invadió nuestras vidas. Todas estas historias me hacen quien soy, pero si insistimos sólo en lo negativo sería simplificar mi experiencia, y omitir muchas otras historias que me formaron. La historia única crea estereotipos y el problema con los estereotipos no es que sean falsos sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la única historia. Es cierto que África es un continente lleno de catástrofes, hay catástrofes inmensas como las violaciones en el Congo y las hay deprimentes, como el hecho de que hay 5 mil candidatos por cada vacante laboral en Nigeria. Pero hay otras historias que no son sobre catástrofes y es igualmente importante hablar sobre ellas. Siempre he pensado que es imposible compenetrarse con un lugar o una persona sin entender todas las historias de ese lugar o esa persona. La consecuencia de la historia única es: que roba la dignidad de los pueblos, dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana, enfatiza nuestras diferencias en vez de nuestras similitudes. ¿Qué hubiera sido si antes de mi viaje a México yo hubiese seguido los dos polos del debate sobre la inmigración, el de Estados Unidos y el de México? ¿Y si mi madre nos hubiera contado que la familia de Fide era pobre y trabajadora? ¿Y si tuviéramos una cadena de TV africana que transmitiera diversas historias africanas en todo el mundo? Es lo que el escritor nigeriano Chinua Achebe llama "un equilibrio de historias". ¿Y si mi compañera de cuarto conociera a mi editor nigeriano, Mukta Bakaray, un hombre extraordinario, que dejó su trabajo en un banco para ir tras sus sueños y fundar una editorial? Se decía comúnmente que los nigerianos no leen literatura, él no estaba de acuerdo, pensaba que las personas que podían leer, leerían si la literatura estuviera disponible y fuese asequible. Después de que publicó mi primera novela fui a una estación de TV en Lagos para una entrevista. Una mujer que trabajaba allí como mensajera me dijo: "Realmente me gustó tu novela, no me gustó el final; ahora debes escribir una secuela y esto es lo que pasará..." (Risas) Siguió contándome sobre qué escribiría en la secuela. Yo no sólo estaba encantada sino conmovida, estaba ante una mujer de las masas de nigerianos comunes, que no se suponían eran lectores. No sólo había leído el libro, se había adueñado de él y sentía que era justo contarme qué debería escribir en la secuela. ¿Y si mi compañera de cuarto conociera a mi amiga Fumi Onda, la valiente conductora de un programa de TV en Lagos, determinada a contarnos las historias que quisiéramos olvidar? ¿Si mi compañera de cuarto conociera la cirugía del corazón hecha en un hospital de Lagos la semana pasada? ¿Si conociera la música nigeriana contemporánea? Gente talentosa cantando en inglés y pidgin, en igbo, yoruba y ljo, mezclando influencias desde Jay-Z a Fela a Bob Marley hasta sus abuelos. ¿Y si conociera a la abogada que recientemente fue a la corte en Nigeria para cuestionar una ridícula ley que requería que las mujeres tuvieran la aprobación de sus esposos para renovar sus pasaportes? ¿Y si conociera Nollywood, lleno de gente creativa haciendo películas con grandes limitaciones técnicas? Estas películas son tan populares que son el mejor ejemplo de que los nigerianos consumen lo que producen. ¿Y si mi compañera de cuarto conociera a mi ambiciosa trenzadora de cabello, quien acaba de iniciar su negocio de extensiones capilares? O sobre el millón de nigerianos que comienzan negocios y a veces fracasan, pero siguen teniendo ambiciones? Cada vez que regreso a casa debo confrontar las causas de irritación usuales para los nigerianos: nuestra fallida infraestructura, nuestro fallido gobierno. Pero me encuentro con la increíble resistencia de un pueblo que prospera a pesar de su gobierno y no por causa de su gobierno. Dirijo talleres de escritura en Lagos cada verano y es impresionante ver cuánta gente se inscribe, cuántos quieren escribir, contar historias. Mi editor nigeriano y yo creamos un fondo sin fines de lucro llamado Fondo Farafina. Tenemos grandes sueños de construir bibliotecas reformar las bibliotecas existentes, y proveer de libros a las escuelas estatales que tiene sus bibliotecas vacías, y de organizar muchos talleres de lectura y escritura, para todos los que quieran contar nuestras muchas historias. Las historias importan. Muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historias también pueden dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden reparar esa dignidad rota. La escritora estadounidense Alice Walker escribió esto sobre su familia sureña que se había mudado al norte. Les dio un libro sobre la vida sureña que dejaron atrás: "Estaban sentados, leyendo el libro, escuchándome leer y recuperamos una suerte de paraíso". Me gustaría terminar con este pensamiento: cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso. Gracias. (Aplausos)

sábado, 18 de enero de 2014

La vida de los que consiguen llegar

La vida en el monte Gurugú

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) ha solicitado su adhesión a la campaña "Nº9 --Basta de Violencia en las Fronteras" iniciada por cuatro asociaciones marroquíes (ALECMA [1], GADEM [2], FMAS [3] y AMDH [4]) con el objetivo de denunciar la violación de los derechos humanos en el norte de Marruecos y exigir el fin de la represión sistemática que sufren los migrantes por parte de las autoridades marroquíes y españolas. La campaña, presentada públicamente a finales del pasado mes de junio, fue emprendida tras una misión llevada a cabo en el monte Gurugú (cerca de Melilla) en marzo de 2013 para documentar las consecuencias de la violencia policial contra los migrantes. Los testimonios recogidos en esta misión están presentados en un impactante documental realizado por Sara Creta, traducido al castellano por APDHA. PARA APOYAR LA CAMPAÑA, FIRMA AQUÍ: https://secure.avaaz.org/en/petition/... [1] Asociación Luz de la Inmigración Clandestina en el Magreb [2] Grupo Antirracista de Acompañamiento y Defensa de los Extranjeros y Migrantes [3] Foro de Alternativas Marruecos [4] Asociación Marroquí de Derechos Humanos Comprar "Tajabone" en

domingo, 26 de febrero de 2012

Emigrar



Vidas en tránsito







Abordando el tema de la migración a través del relato de aquellos que han vuelto al país, Vidas en Transito deja ver un pequeño fragmento de la compleja realidad migratoria y su influencia en la cotidianeidad de la vida familiar. Vidas en Tránsito viaja a través de los aspectos comunes de aquellos que protagonizan las reflexiones, estableciendo un lazo invisible pero muy fuerte entre las personas que narran la experiencia de la migración desde su hogar.

domingo, 29 de enero de 2012

Proyecto Migrantas





migrantas un lenguaje visual de la migración








Migrantas se propone hacer visible en el espacio urbano, a través de sus diversos proyectos, las reflexiones y sentimientos vinculados a la vida en un nuevo país.


La movilidad, la migración y la transculturalidad han dejado de ser excepciones y son cada vez más un fenómeno central de nuestro tiempo. Sin embargo, las experiencias de los migrantes suelen permanecer invisibles para el resto de la sociedad.


El equipo migrantas trabaja sobre migración, identidad y diálogo intercultural. Sus proyectos reúnen herramientas del arte, el diseño y las ciencias sociales. Las integrantes del equipo, muchas de ellas inmigradas a Alemania, conciben su trabajo con otros migrantes como un diálogo horizontal.









Talleres Expresión gráfica de la propia historia


Migrantas se encuentra con otras mujeres migrantes para reflexionar colectivamente en talleres acerca de su condición. Los encuentros tienen lugar en sus propias organizaciones, instituciones y asociaciones. Mujeres de diferentes orígenes nacionales, sociales, culturales y estatus legal, intercambian sus experiencias y las expresan en dibujos simples.






Desarrollo Del dibujo al pictograma


Después de un cuidadoso análisis de los dibujos surgidos en los diversos talleres, y respetando la intención de los mismos, migrantas identifica elementos claves, temáticas constantes y los traduce en pictogramas. Así surge un lenguaje visual y accesible para todos.






Pictogramas Simplicidad y expresión


Los pictogramas son el lenguaje visual de migrantas. Son imágenes simples que combinan síntesis con alta capacidad de expresión, cuyo diseño transmite una multiplicidad de emociones. Las personas de identidades y procedencias diversas pueden reconocerse en los pictogramas o, a partir de ellos, modificar sus propias perspectivas.






Resultados Reconocimiento y visibilidad


Los proyectos de migrantas concluyen con una exposición que brinda un espacio de intercambio. Al ver sus dibujos expuestos, las participantes de los talleres se ven legitimadas y reconocidas. A la vez, los visitantes tienen la oportunidad de acercarse a dichas experiencias y reflexiones.






Acciones urbanas Ser parte del paisaje de la ciudad


La inserción de los pictogramas en el espacio público es un aspecto decisivo, ya sea a través de afiches publicitarios, animaciones digitales, la distribución de postales, o la impresión de bolsas para las compras. El objetivo es siempre integrar la subjetividad del migrante al paisaje urbano. Las acciones interpelan a los transeúntes y les proponen un estímulo para la reflexión.









martes, 24 de enero de 2012

La emigración a los ojos de Mohamed Chukri

Mohamed Choukri, considerado como uno de los más prodigiosos autores del mundo árabe y analfabeto hasta la edad de 21 años, escribió una de las más famosas obras de la literatura marroquí contemporánea: "El pan desnudo", una autobiografía de Mohamed Chukri que durante 17 años encabezó la lista de libros prohibidos en Marruecos.
La revista digital “Pliegos de Opinión” quiso homenajear su figura y su obra con este informe especial en el que publicaron el texto inédito de Mohamed Chukri titulado Raíces. También incluyeron varios artículos seleccionados en la red, una entrevista, una reseña del último libro suyo publicado en España "Rostros", amores, maldiciones y una breve nota biográfica del autor.




NOS QUEDA LA PALABRA TESTIMONIOS DEIDAD SOLIDAR





MOHAMED CHOUKRI
FUENTE: PLIEGOSDEOPINION
…La emigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera. Si la emigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido, actualmente, en una antecámara de la muerte, real o metafórica. La candidatura a la emigración es una candidatura a la muerte. Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado en brazos de la aventura, el emigrante no lleva con él más que un rayo de esperanza y un asustado soplo de dignidad…
…El litoral español se alcanza desde Tánger en menos de una hora.
El transportista hace pagar caro este sueño a aquel que quiere ir a su encuentro. Millares de dirhams. Una suma con frecuencia difícilmente adquirida. Estos Ulises modernos no vuelven siempre de sus aventuras. Los dioses del Olimpo han emigrado ellos también.
El abismo que separa a los países ricos de los países pobres es más profundo que nunca. La sociedad de consumo, la opulencia de Occidente, el mito de la democracia, han operado una fascinación inigualable sobre los pobres del tercer mundo… En mi país, centenares de clandestinos intentan cada día atravesar el Estrecho, arriesgando sus vidas sobre pequeñas barcas. Obstinados en su búsqueda de la tierra prometida, provocan a la muerte… Europa asiste actualmente a este fenómeno con angustia. Ve su ciudadela asediada por todas partes y, para protegerse intenta (quiere) transformar sus fronteras en una fortaleza inexpugnable.
La muralla de hierro se transforma en una muralla de arena. Que quiere la Europa opulenta si no salvaguardar su riqueza.

Mohamed Chukri

RAÍCES(TEXTO INÉDITO DE MOHAMED CHOUKRI)
FUENTE: LA REVISTA DIGITAL “PLIEGOS DE OPINIÓN”
Aquellos que han leído mi autobiografía, El pan desnudo , saben que soy hijo de la inmigración.
MOHAMED CHOUKRI
Fue en los años cuarenta. Mi territorio de origen, el Rif, padeció una terrible sequía. Los míos, como todos los demás, fueron arrojados a los caminos por el hambre y la escasez. Tomaron los caminos del exilio; unos hacia Orán, otros hacia la zona norte de Marruecos y especialmente a Tánger. Desde Beni Chiker, aldea próxima a la ciudad de Melilla, transportamos un sólo y único bien: el rifeño, nuestra lengua.
Tenía siete años cuando encallé en Tánger, el Paraíso de la época. Y, cuando quería jugar con otros niños del arrabal donde mis padres habían plantado su barraca, encontré la persecución: - “Vete de aquí, hijo del hambre”. “¡Largo! ¡Fuera, rifeño!”
¿Será natural la crueldad en los niños? En cualquier caso, sabe ser espectacular.
En este mismo arrabal vivían gitanos y andaluces, tan marginados como nosotros, los rifeños, pero gozando de un estatus menos precario que el nuestro. Hacía mucho tiempo que estaban instalados allí. Ganaban su vida algunas veces haciendo trabajos manuales, otras veces robando. Sus hijos me aceptaron y trataron como uno de ellos. Unía con frecuencia mi fuerza a la suya para atacar a los otros niños del suburbio, los más violentos, los marroquíes. Estos niños gitanos y andaluces me enseñaron no solamente a defenderme, los niños hablan sobre todo con el lenguaje del cuerpo, sino también a pronunciar las primeras palabras en español. Es así como aprendí el español antes que el dialectal marroquí. La lengua del exilio.
Todavía hoy, el Mediterráneo es un espacio de exilio, de inmigración. El hambre no es tan violenta como en el pasado, pero ha dejado paso a sus secuelas: el marasmo económico, la elevada tasa de paro, los accidentes ecológicos, la guerra étnica, todos vectores del mismo efecto inhumano, todos fuente de desestabilización.
Estos factores están en el origen del desplazamiento masivo y con frecuencia incontrolado de hombres en una geografía perturbada por la Historia –antigua y moderna-, por las ideologías y los sistemas económicos. Así, se vuelve difícil hablar actualmente del porvenir del Mediterráneo sin vernos enfrentados a esta siniestra realidad.
El escenario actual es sombrío, casi apocalíptico, como ya constaté en 1993 en otra comunicación. Todavía hoy, me veo obligado, moral y humanamente, a denunciar:
• El fenómeno de los espaldas mojadas . • El fenómeno de las barcas de la muerte ( pateras )
La emigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera. Si la emigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido, actualmente, en una antecámara de la muerte, real o metafórica. La candidatura a la emigración es una candidatura a la muerte. Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado en brazos de la aventura, el emigrante no lleva con él más que un rayo de esperanza y un asustado soplo de dignidad. Conozco los asuntos de la vida errante. Yo también he sido perseguido por niños y viejos, pero me fue dado aprender la lengua de mis perseguidores. Es verdad que intentaba entonces disimular mi acento para ocultar mi origen indeseable en una sociedad que despreciaba a los rifeños. Pero terminé por triunfar sobre esta lengua estructurada y poderosa, clara y extranjera. La sometí a mi ley. La vencí.
¿De qué triunfo se jacta el actual emigrante? ¿Sobre quién?
SUEÑOS ROTOS EN EL MAR
Asistimos actualmente a una pérdida de valores morales que provoca por todas partes un estallido de las sociedades que las han producido. La costa sur ha aceptado también la filosofía de “el tiempo es oro”. Intenta, también ella y por todos los medios, hacer suyas las ideas utilitaristas y la lógica cartesiana. Favorece a los grupos económicamente fuertes. Aparca a sus marginados en las zonas periféricas. Todo eso tiene como consecuencia que los jóvenes, hombres y mujeres, sueñen con otra tierra, con otra vida. Ocurre que son justamente los menos tocados por el virus del fracaso. Ocurre que, justo frente a ellos, en la punta de sus miradas, espejea una tierra más clemente, o así lo creen ellos, la de la ribera norte. La desean. La codician. La acarician. Desean, cueste lo que cueste, fundirse con ella.
Adelante, hacia la aniquilación.
El litoral español se alcanza desde Tánger en menos de una hora.
El transportista hace pagar caro este sueño a aquel que quiere ir a su encuentro. Millares de dirhams. Una suma con frecuencia difícilmente adquirida. Estos Ulises modernos no vuelven siempre de sus aventuras. Los dioses del Olimpo también han emigrado.
El abismo que separa los países ricos de los países pobres es más profundo que nunca. La sociedad de consumo, la opulencia de Occidente, el mito de la democracia, han operado una fascinación inigualable sobre los pobres del tercer mundo. En los países ex-comunistas, millares de personas tenían sus maletas ya hechas, aguardando una aparente esperanza, para venir a la Europa rica. En mi país, centenares de clandestinos intentan cada día atravesar el Estrecho, arriesgando sus vidas sobre pequeñas barcas. Obstinados en su búsqueda de la tierra prometida, provocan a la muerte. Italia conoce este problema. Europa actualmente asiste a este fenómeno con angustia. Ve su ciudadela asediada por todas partes y, para protegerse, intenta (quiere) transformar sus fronteras en una fortaleza inexpugnable.
La muralla de hierro se transforma en una muralla de arena. ¿Qué quiere la Europa opulenta si no salvaguardar su riqueza?
En el Mediterráneo la situación es esquizofrénica. Los países, divididos geográfica y psicológicamente por un modelo nórdico y materialista, buscan soluciones tecnológicas a problemas culturales y sociales, y con la intuición de que las soluciones no podrán ser más que intelectuales; adoptan estrategias inadecuadas. Pues la respuesta a todas nuestras cuestiones puede encontrarse en el pensamiento mediterráneo y orientalista de nuestros humanistas. La hazaña de Ulises puede servir de modelo. Este héroe que surca los mares, errando durante diez años en busca de la verdad, era un emigrante que Ítaca ve volver tranquilizado por la sabiduría y profundamente humanista gracias a su periplo.
Yo fui Ulises, en un momento de mi vida. ¿He dejado de serlo?
He recorrido un periplo como el suyo. Lo recorro aún. Mi espacio de aventura es un espacio escriptural. Mi madre es la escritura. Mis pruebas son de orden intelectual.
Recuerdo que mi madre me obligaba a hablar en rifeño y me prohibía hablar otra lengua que no fuese aquélla. Nacido en el Rif, yo debía continuar hablando la lengua de mi tierra, decía. La muerte liberó a mi hermano Abdelkader de esta guerra. A mis otros hermanos y hermanas, hijos e hijas del exilio, no les concernía esta batalla. Eran libres de utilizar la lengua de sus ancestros o la de su tierra natal.
Como ustedes saben sin duda, no supe leer y escribir hasta los veinte años. Aprender una lengua que no era la mía y poseerla fue una prueba, un desafío antes de ser una profesión. Aprendí el árabe clásico con los límites que se imponen a un autodidacta. Sin embargo, alcancé a enseñarlo en las escuelas primarias y secundarias. He podido escribir libros gracias a esta lengua. Solamente, a pesar de mis esfuerzos, a pesar de toda mi voluntad de expresarme en esta nueva lengua, una nostalgia silenciosa y no obstante viva me ata a la orilla de mi lengua materna y sólo se aplaca con su utilización. No soy más que un niño adoptivo en todas las lenguas que utilizo para hablar o para escribir, incluso la lengua del Profeta: no puede colmar el vacío que me ocasiona la ausencia de mi primera lengua, aquélla de la que fui desposeído.
En el exilio, cuando todas las lenguas valen, he hecho de la lengua árabe un instrumento para comunicarme con la sociedad en la que vivo. No me arrepiento de haber aprendido el árabe y de haber escrito en árabe todos mis libros. Diré más, me siento privilegiado frente a mis compatriotas que utilizan otras lenguas distintas a la de su sociedad de origen y que son tratados de ingratos y renegados a pesar de su genio.
No me digan que este juicio es anacrónico... La sociedad árabe posee un pensamiento atrofiado, y tenemos el ejemplo de este poeta bereber que escribe sus poemas en un francés sublime y que sin embargo ha soñado siempre con poder hacerlo en árabe. Reconocía que esta lengua era superior. Era el único que la recordaba tal como la había aprendido en la escuela coránica. Mohamed Kheireddine murió sin poder poseer esta lengua árabe, pura y grandiosa.
Entonces, ¿qué es la escritura? ¿Qué es la expresión?
Imaginad una lengua en hibernación. Imaginad un hombre que intenta usar esta lengua para expresarse. Tal es mi situación cara a esta lengua que me es extranjera.
Dicen que el que encuentra refugio en una lengua que no es la suya está mejor armado para dominarla. La perfecciona mejor que sus nativos. Este es el caso de Conrad, Beckett, Nadokov, Ionesco, Gibran Khalil Gibran...
¿Por qué? La única cosa que puedo afirmar es que la escritura tiene sus secretos, sus misterios que no penetramos impunemente: nos poseen y nos sentimos poseídos por ellos.
Actualmente, mi lengua es la que me permite escribir y el rifeño ha terminado por ser una nostalgia, la de un sueño.
Para el niño de la emigración, para el amante de la escritura, para el autodidacta que no ha cesado de sumergirse en la nostalgia de un sueño, el Mediterráneo es un mar, un periplo, un sueño iniciático, el espacio del Humanismo, el crisol de civilizaciones. Pero ninguna civilización es producto del azar. Es un largo proceso de humanización. No importa qué tribu puede poseer una cultura pero, ¿podemos hablar también de civilización? Los pueblos del Mediterráneo han vivido siempre en ciudades: Alejandría, Cartago, Atenas, Roma, Cádiz (Gades), Tánger... Ellos han forjado una civilización y es por ello por lo que estoy convencido de la fuerza de la percepción, de la capacidad intelectual que nosotros, mediterráneos, tenemos para hacer frente al peligro que amenaza nuestras riberas, nuestras culturas y nuestros hombres, si persistimos en querer seguir ciegamente el modelo nórdico.
El modelo nórdico, utilitarista y racionalista, es útil cuando se trata de organizar el trabajo o de optimizar el rendimiento; pero corresponde al Humanismo de las viejas culturas mediterráneas colmar ese modelo nórdico, insuflarle valores humanos.
Se me alcanza que, para sobrepasar el actual peligro, no hay que culpar ni a las religiones ni a las razas; después de todo, es el hombre quien interpreta los libros y es de sus actos de los que brota la ambigüedad. Es necesario volver a los fundamentos de las culturas, al humanismo que tuvo nacimiento en el Mediterráneo. Es el único modo de humanizar las sociedades de consumo.
Acaso algunas veces con poco se puede llegar a encontrar bastante...

FUENTE: http://www.alhucemaspress.com/index.php?option=com_content&view=article&id=161&Itemid=175