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viernes, 15 de noviembre de 2013

Xinran Xue, una escritora china muyi nteresante




Las voces del silencio

LA PERIODISTA XINRAN XUE PUBLICA 'NACER MUJER EN CHINA'


ROSA MORA 9 MAR 2003

Muy estimada Xinran:


Te escribo para contarte un secreto. No es realmente un secreto, porque todo el mundo en la aldea lo sabe. En la aldea hay un anciano lisiado de 60 años que recientemente compró una joven esposa. La muchacha parece muy joven. Creo que la han secuestrado. Ocurre con cierta frecuencia por aquí, pero muchas de las chicas suelen escaparse más tarde. El anciano teme que su esposa se escape y la tiene atada con una cadena de hierro. Su cintura está en carne viva por la pesada cadena: la sangre se ha filtrado a través de sus ropas. Creo que eso la matará. Por favor, sálvala". Esta carta llegó, en 1989, al programa radiofónico Palabra en la brisa nocturna, que Xinran Xue dirigió y presentó en Nanging (China) entre 1989 y 1997.


"El anciano teme que su mujer se escape y la tiene atada con una cadena de hierro. Su cintura está en carne viva por la pesada cadena: la sangre se ha filtrado a través de sus ropas"
Poco tiempo después, una pareja de ancianos se presentó en la emisora, acusaron a Xinran de asesina y le dejaron la nota de suicidio de su única hija: "Querida Xinran: ¿Por qué no contestaste a mi carta? ¿Acaso no te diste cuenta de que tenía que decidirme por la vida o la muerte? Lo amo, pero jamás hice nada malo. Jamás tocó mi cuerpo, pero un vecino lo vio besándome la frente y le contó a todo aquel que quiso escucharle que yo era una mala mujer. Mi padre y mi madre están muy avergonzados. Quiero mucho a mis padres. Desde que era pequeña, mi mayor deseo fue que se sintieran orgullosos de mí, contentos de tener una hija inteligente y bonita en lugar de sentirse inferiores por no tener un hijo".


Xiao Yu, éste era su nombre, tenía 19 años cuando se suicidó. Xinran recibió su carta tres semanas después. No pudo hacer nada, excepto sentirse destrozada por la tragedia.


En el caso de la joven esposa comprada -una niña de 12 años-, sí consiguió que la liberaran. Nadie la felicitó; al contrario, fue acusada de pescar en aguas revueltas y de incitar a la gente.


Llamadas en directo


Fue duro, pero Xinran Xue (Pekín, 1958) se comprometió consigo misma a llevar adelante su programa, a dar voz a las mujeres silenciadas. Primero organizó un pequeño consultorio de 10 minutos, luego logró que le permitieran recibir llamadas en directo. A lo largo de ocho años entrevistó a más de 200 mujeres y recogió muchísimos testimonios. Algunos de ellos los ha reunidoen el libro Nacer mujer en China. Las voces silenciadas (Emecé y Edicions 62 en catalán).


Cuenta Xinran, que pasó por Barcelona para presentarlo, que no pudo escribirlo hasta abandonar China para instalarse en Londres. "Después de ocho años no podía más. Tenía insomnio y problemas de salud. Pensé que era el mejor momento para irme de China, tenía que conocerme a mí misma y quería aprender de las vidas de otras mujeres. Además, estaba la educación de mi hijo, que tenía entonces nueve años. Quería que se educase de otra manera".


Nacer mujer en China es un libro conmovedor. Cuántas atrocidades cuenta, cuánto dolor.


Hongxue escribió cuando tenía 17 años: "Es una buena edad para morir". Desde los 11, desde el día que tuvo su primera regla, su padre abusó de ella. "Tendrás que aguantarlo por la seguridad de toda la familia", le dijo su madre. Hongxue acabó en el hospital, se autolesionó para que no la devolvieran a casa. Adoptó una "mosca bebé", la cuidaba y la sacaba a pasear. Capturó a una mosca adulta y cuando murió se la colocó en una herida que se había provocado. Falleció de una septicemia.



Shilin, hija de un general del Kuomintang (partido nacionalista chino, que fue derrotado por Mao), fue recogida por una joven tía cuando la familia se exilió. La hizo pasar por hija suya, pero los Escoltas Rojas la acosaron por haber "nacido fuera del matrimonio". Sufrió un shock que le hizo perder la mente.


Su hermana, su cuñado y los padres de éste fueron encarcelados y ella enviada a reeducarse a un pueblo de la montaña. Muchos años después de la Revolución Cultural (1966-1976), su hermana la pudo encontrar. Tenía mordeduras en el torso, un pezón desgarrado, los labios vaginales arrancados, el cuello y las paredes del útero arrancadas, le extrajeron incluso una ramita. Se volvió loca.


Yingsi y Gu Da se enamoraron en la universidad, pero la revolución los separó. Cuando ella logró encontrarlo 40 años después, estaba casado.


Hua'er, hija de padres japoneses acusados de ser esbirros del capitalismo, fue violada repetidamente cuando acudía al grupo de estudios de la Guardia Roja...


Son testimonios estremecedores. "Yo empecé mi programa años después de que se iniciara un lento proceso de apertura [en 1983, por Deng Xiaoping], pero no creo que estas cosas tan terribles pasaran sólo durante la Revolución Cultural", dice Xinran. "Viene de la tradición más antigua. Durante la revolución, tal como pasa en tiempos de guerra, se tambalea toda la sociedad y los hombres malos tienen la oportunidad de abusar de las mujeres".


Para Xinran, uno de los problemas terribles que hay en China es la falta de educación sexual. "No se habla de sexo, no hay libertad de relaciones, no hay prensa independiente, toda la información viene del Estado. Para los hombres es más fácil tener oportunidades, pero para ellas es muy difícil".


Xinran opina que "los hombres son sexualmente más activos". "Durante mucho tiempo no han tenido un modo correcto de expresarlo. Es difícil juzgar, decir sin son buenos o malos, lo que pasa es que la mujer sufre más".


Salir de China y ver mundo ha convencido a Xinran de que las mujeres tienen problemas en todas partes. "En 1995 pregunté en la radio a los hombres que cuántas buenas mujeres habían conocido. El 99% de los que contestaron dijeron que nunca habían conocido a una buena mujer. Me impresionó mucho y pensé que quizá el problema no era de las mujeres, sino de los hombres".

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La misma visión masculina
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El año pasado, Xinran viajó a 14 países para promocionar su libro (ha sido traducido a 24 idiomas). "Pude preguntar a los hombres de esos lugares lo mismo y contestaron igual: las buenas mujeres tienen hijos varones, no trabajan y cuidan de la familia y de la casa".


¿Cómo ha de ser una buena mujer? "No puede perder jamás los nervios; tiene que ser siempre muy muy suave; ha de ser muy buena en la cama y, además, muy guapa, y, en China, aunque tenga todas esas virtudes, si no tiene un hijo varón no sirven de nada. ¿Cuántas mujeres pueden encajar en eso? Si te esfuerzas toda la vida y eres buena, pero no tienes el hijo varón, no serás una buena mujer. Por eso hay tanta infelicidad, por eso hay tantas historias de amor dramáticas".


La escritora no se conforma con su libro y aporta, además, datos sobre la mujer en China aparecidos en la publicación británica The Lancet: de 1995 a 1999, uno de cada cinco chinos que murieron entre los 15 y los 34 años se suicidó, y el 25% de los suicidas eran mujeres.


Xinran entrevistó para su programa a una universitaria, Xiao Yu, que le planteó tres preguntas para que las difundiera por la radio: ¿Qué filosofía tienen las mujeres chinas? ¿Qué es la felicidad para las mujeres? ¿Qué es lo que convierte a una mujer en una buena esposa?


"Todavía no he encontrado la respuesta. Antes de estrenar el programa, en 1989, creía que conocía a las mujeres de mi país; al fin y al cabo yo soy una mujer china y mi madre también, pero cuando empecé a recibir cartas y después de ocho años ya no lo sé en absoluto. Las experiencias que recojo son como una gota, no puedo explicar un océano tan grande como es China, pero algo sí he hecho. Creo que las chinas tienen una gran riqueza emocional y, aunque no hablen, lo importante es que mantienen sus voces y algunas las he reunido en este libro".


La niña a la que le cortaron las trenzas pequeñoburguesas


XINRAN XUE NO HA TENIDO UNA VIDA FÁCIL. "Prácticamente no experimenté ni la juventud ni la belleza", cuenta en Nacer mujer en China. A los 20 años creía que por un beso se podía quedar embarazada y no besó por primera vez hasta los 30. Fue enviada a vivir con su abuela cuando tenía un mes. Su madre procedía de una rica familia de Nanging y a los 14 años se apuntó a la Liga Juvenil Comunista. A los 16, al Ejército Rojo. A principio de los cincuenta, en una purga, fue "relegada a la clase negra de descendientes de capitalistas".

Xinran fue a vivir con sus padres cuando tenía 10 años. A los pocos días de estar con ellos, su casa fue registrada por los Guardias Rojos. Su padre fue encarcelado por ser "un representante del feudalismo, del capitalismo y del revisionismo". Quemaron libros, muebles, objetos artísticos, juguetes. A Xinran le cortaron las trenzas porque "era un peinado pequeñoburgués". "Estaba muy orgullosa de mi pelo, me llegaba casi hasta los tobillos, y lo llevaba trenzado, con lazos".

Su madre fue detenida poco después, y Xinran y su hermano fueron enviados a un orfanato para hijos de padres en prisión, en el que pasaron cinco años. "Fue muy difícil. Era como una cárcel. Nuestros padres tenían un pasado negro y habíamos perdido los derechos humanos. Teníamos prohibido hablar con otra gente o jugar. Todavía sueño con ello, tengo pesadillas, me despierto y no puedo volver a dormir".


Xinran sólo vivió tres años con sus padres. "Mi madre empezó a hablar conmigo el año pasado, cuando viajé a China. Le pregunté si era feliz. 'Si has comprendido la vida que hemos pasado no deberías hacer esta pregunta. Ya sabes la respuesta', me contestó. Por el lenguaje corporal sé que tiene una presión muy fuerte en la cabeza, un gran dolor. Intentó durante toda su vida salir de las sombras, pero nadie la escuchó". Sin embargo, en 2002 se pintó por primera vez los labios en más de 50 años, para conocer al novio inglés de su hija.

Xinran trabaja en la Facultad de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres. Su hijo PanPan, de 15 años ahora, ha leído su libro y le ha gustado. "Antes de leerlo no quería hablar conmigo. Después me dijo: 'Realmente has escrito un buen libro'. Me hace muchas preguntas sobre China, hablamos, somos amigos. El pasado fin de curso fui a su escuela y me presentó a cuatro de sus compañeros. También habían hablado entre ellos de Nacer mujer en China. Me dijeron: 'bien hecho'. Fue gracioso, pero me conmovió. Pensaba que a esa edad no podían entender esas cosas. Me equivoqué".


lunes, 16 de septiembre de 2013

El reino de las mujeres



- Acumular riquezas es secundario. Es más importante el bien de la familia, la solidaridad comunitaria. Los hombres entregan sus ganancias a la matriarca para que los administre (¡todos los hombres allí carecen de propiedad privada, y son felices!).
- Las mujeres deciden si abren la puerta y a quién la abren por la noche, el único momento de encuentro con sus amados.
- Las relaciones afectivas pueden ser exclusivas y durar largo tiempo, o bien esporádicas y breves, siempre a decisión de la mujer, quien marca el tempo de las relaciones. Algunas de éstas pueden durar años y estar basadas en la fidelidad mutua. Cuando la atracción desaparece, la separación no causa estragos. Prima más la tolerancia que los celos.
- Las mujeres Mosuo no albergan esperanza de que ningún hombre sea su media naranja, y por ello mismo evitan decepciones derivadas de la separación afectiva.
- No existen ni el matrimonio ni la figura del padre. Sin embargo, los hombres (tíos, abuelos) colaboran en la educación infantil.
- "Estar en manos de las mujeres es estar en mejores manos", he aquí una afirmación de un hombre Mosuo. ¡Palabras sabias de un hombre humilde!
- Nadie es retenido en esa comunidad. Las jóvenes que estudian en Pekín mantienen los valores locales. Los jóvenes no se sienten tentados por la cultura patriarcal, al contrario. Defienden la matriarcal como suya, como la mejor posible.

Esto es sólo un aperitivo de las costumbres de los Mosuo. Os animo encarecidamente a leer el libro:
RICARDO COLER, El Reino de las Mujeres. El último matriarcado, Ed.Temas de Hoy (Grupo Planeta), 2007.


Ricardo Coler
Periodista y médico



Ricardo Coler



Vamos a viajar hasta Loshui, provincia de Yunnan (China). Allí, entre las montañas se encuentra la comunidad de los Mosuo, distribuida en un puñado de aldeas dedicadas básicamente a la agricultura. Una sociedad donde las mujeres están al mando. Es el "matriarcado más puro del mundo".

Hasta ese lugar se desplazó el periodista, médico y fotógrafo argentino, Ricardo Coler. Después de varios viajes y dos meses de convivencia nació el libro, "El reino de las mujeres" (Temas de Hoy). Una interesante reflexión para nuestra sociedad occidental.
Texto: Mariló Hidalgo. Fotos: Ricardo Coler.


El último matriarcado


Empezó esta búsqueda hace varios años. Visitó sociedades matriarcales en India, México y Papúa Nueva Guinea, al norte de Australia. Y comprobó in situ que se había escrito mucha literatura fantástica al respecto. Después de una profunda labor de investigación, se dio cuenta de que la comunidad de los Mosuo era la que se había conservado más pura. Así que cogió una mochila, su cámara de fotos, sus cuadernos y acompañado de Lei -su intérprete chino-, puso rumbo a su objetivo. Allí, entre altas montañas, en lo alto de una cima aparece el lago Lugu: un espejo celeste de agua mansa con algunas islas en su interior.Al lado se encuentra el poblado donde va a vivir su experiencia.


-¿Por qué cogiste la mochila y te fuiste en busca del último matriarcado? ¿Qué te atrajo de esa aventura?-En realidad yo visité varios matriarcados, pero me centré en éste porque comprobé que era el más puro de todos los que conocí. Quería saber cómo funcionaban las cosas cuando las reglas eran diferentes. Así que busqué sociedades donde las mujeres no hubieran sido criadas bajo una educación machista, no hubiesen sido oprimidas por el hombre o despreciadas por la sociedad, sino que desde el principio tuvieran las mismas posibilidades que un hombre. Esta fue la razón por la que empecé a viajar a los matriarcados hasta que encontré éste: un matriarcado real.



"La matriarca vive con sus hijos e hijas, sus hermanos y su madre. No hay maridos. No existe el matrimonio"

-Afirmas que para entender la cultura matriarcal, no hay que compararla con la patriarcal, sino que se debe partir de una visión diferente de la vida que posee la mujer...-Ante todo hay que distinguir algo: lo que caracteriza a la sociedad matriarcal es que la mujer, además de ser la que tiene el poder, imprime a la sociedad una característica femenina. Que no es lo mismo que las mujeres estén en el poder, porque tenemos ejemplos de algunas que gobiernan y son más varoniles que un hombre en el ejercicio del poder. Aquí la característica principal es que hay algo en la sociedad que puede enlazarse, emparentarse con lo femenino. Y definir lo que es femenino puede ser un poco pretencioso, porque a la mujer no la definen ni el deseo de la maternidad, ni el gusto por los hombres, ni tampoco la anatomía. Una de las características más importantes que yo he notado en estas sociedades es la absoluta falta de violencia; la mujer a menudo mira sin entender a los hombres que luchan por el prestigio o por mantener su virilidad. Además cuando una mujer es poderosa lucha porque toda su familia esté bien. Yo les preguntaba qué esperaban de la vida, si querían hacerse ricas -típica pregunta de un hombre- y me miraban extrañadas. La acumulación, el tener por tener, no es algo que entre en sus cabezas. Y otro rasgo característico es la falta de competencia sangrienta. En todas las sociedades matriarcales hay un entramado social donde la solidaridad y el cuidado por el otro está más marcado que en las sociedades patriarcales.
-Una de las instituciones más arraigadas de nuestra sociedad es el matrimonio, a partir del cual luego surge la familia, algo que allí no existe. ¿Qué sentido dan a la relación?-Ellas dicen que son fieles a dos cuestiones: a la familia y al amor. Por eso la matriarca vive con sus hijos e hijas, sus hermanos y su madre. No hay maridos. Los hombres sin lazo sanguíneo directo con la matriarca pertenecen a otra casa y duermen bajo otro techo. Afirman que nadie que quiera tener una familia estable se le ocurriría ir a vivir con un miembro de otra familia, que sería el matrimonio. Según sus valores, pedirle a otra persona la convivencia con amor, sexualidad, economía, hijos, futuro, proyectos y amistad para toda la vida es una locura. Les llama la atención que nosotros insistamos tanto en ello. La familia para ellos es más importante que el matrimonio, por eso a pesar de que las mujeres eligen con quien pasar la noche y varían a menudo de pareja, ninguna regla de su sociedad les lleva a casarse y a romper con la familia de origen. Y les va mucho mejor económicamente, porque nunca dividen sus propiedades por herencia, ni por divorcio, ni por pelea entre cuñadas, ni por nada. La familia siempre se mantiene con la misma propiedad y todos trabajan para ella. Hay mucha libertad sexual, nadie lo mira mal. A todo el mundo le parece bien, hasta se enamoran; pero el amor dura lo que dura y eso marca el tiempo de esa relación. Cuando se termina, se acabó. Para ella es importante el amor pero nunca va a estar con un hombre por los hijos, por el dinero, por lo que digan los demás, por la familia, por el hogar o por la economía. Tampoco en esas sociedades existen las mujeres abandonadas o sin recursos porque ellas son las únicas que tienen la propiedad, el dinero, los hijos y la casa, que pasa de generación en generación.
"En estas sociedades hay un entramado social donde la solidaridad y
el cuidado por el otro está muy marcado"
-En el matriarcado las ancianas son muy importantes, se las considera las alma "mater" de los clanes. El concepto se acerca más a las sociedades ancestrales que a la actualidad, donde ya no se valora a los abuelos...-El tema de la vejez ellos lo resuelven bastante bien. Viven en un hogar constituido por un patio central con muchas casitas alrededor donde se disponen los dormitorios. Entonces al anciano, a la matriarca, a la abuela, la cuidan entre todos. Siempre hay mucha gente cuidando, tanto a los niños como a los mayores. En cambio en occidente un hijo de mediana edad se hace cargo de los padres y éste es un trabajo que recae sólo en él. Allí las familias son mucho más numerosas y la tarea de cuidar a los ancianos se la reparten entre todos. Es un honor y allí la voz de los mayores suena con fuerza.
-Personalmente, ¿qué te supuso el haber vivido esta experiencia?-No soy antropólogo, ni sociólogo, ni un guía turístico. Cuando voy a un lugar como éste es porque me interesa profundamente el tema y me dejo empapar por ello. No voy como quien visita un zoológico. Entrar allí es como ir cien años atrás, viven con cosas muy sencillas y en cambio no les falta de nada. Nosotros al tener más comodidades, adelantos, hemos perdido por el camino muchas cosas importantes. Allí no existe violencia y no se acepta a los violentos, es algo que avergüenza. No hay lucha por el poder, todo el mundo tiene lo que necesita y a nadie le falta de nada. Se habla mucho, en las casas, por las calles. Necesitan saber unos de otros, de sus problemas. Cuando hablaba de cosas de nuestra cultura occidental me miraban sorprendidos y se reían de nuestro concepto de familia, pareja, religión…


"Allí no existe la violencia. No hay lucha por el poder. Todo el mundo tiene lo que necesita"

-¿Y qué piensas cuando comparas lo que allí experimentaste con los valores de nuestra cultura occidental?-Uno nace hablando un determinado idioma dentro de un entorno familiar concreto y eso te condiciona. Yo no sé si me acostumbraría a vivir en un matriarcado. No está mal que una mujer me mande, pero… ¡todo el día! (risas). Por lo menos que me haga creer que mi voz también importa. Fuera de bromas, esto me ha hecho pensar que hay muchos problemas que padecemos y que pensamos que tienen que ver con la política o con la economía, y en realidad son cuestiones relacionadas con el género. La sociedad debe ser menos patriarcal y eso no tiene que ver con tener más diputadas o más mujeres en el gobierno, o con que las mujeres tengan más derechos. He estado en sociedades donde ellas tienen todos los derechos y siguen rigiéndose por valores patriarcales. Es ahí donde debería de introducirse el cambio.
-Si el futuro, como dicen, es bajo lo femenino. ¿Cómo vislumbras el camino, por encima de conceptos de género como hombre y mujer?-No hace falta irse a China para encontrar mujeres que viven solas, que tienen hijos, que ganan dinero, que le pueden dar a sus hijos su apellido, que cambian de pareja todo lo que quieren. La diferencia está en que esas mujeres lo hacen resignadas o sufriendo, y en que esa vida no es un código propio de la sociedad occidental. No sé si la civilización va rumbo a un matriarcado o a tomar algunas de sus características, pero en este momento que se habla tanto de la mujer hay que dejar de dar vueltas a sus derechos y pararnos a reflexionar. El cambio no me parece tan fácil, pero hay un dato a tener en cuenta: las mujeres en las sociedades patriarcales protestan por la opresión. Los hombres en las sociedades matriarcales no, lo pasan bárbaro. Todos defienden la sociedad matriarcal. Todos se benefician y viven bien. No tienen nuestros problemas.
"Para un hombre, sostener todo el tiempo ese lugar
asignado por el patriarcado es algo agotador"
-La mujer hace un tiempo que ha iniciado su liberación. ¿De qué crees que se tiene que liberar el hombre en este momento?-Es que ser un hombre, en el sentido de lo que estamos hablando, también cansa. Sostener todo el tiempo ese lugar asignado por el patriarcado es agotador. A mí me parece que a pesar de que es un diálogo difícil, el escuchar a la mujer es una de las cosas que más me ha cambiado. El diálogo entre un hombre y una mujer no es un diálogo sencillo, básicamente porque para un hombre no es del todo entendible. Muchas veces me he encontrado hablando con una mujer, contándome sus penurias y mientras yo le busco soluciones, ella me contesta: "yo no quiero que me des una solución, sólo quiero que me escuches". Algo que para mí es complicado. Aprendí a callarme la boca y a no decir lo que tenían que hacer, pero esto lo aprendí a "duros golpes". Sería sumamente beneficioso que nos escuchásemos mutuamente.
-¿Qué es lo que más teme el hombre de la mujer?-Lo mismo que le atrae de ella. Que una mujer puede ser capaz de cualquier cosa por amor y eso también produce temor.


"Nuestra civilización, a pesar de tener más comodidades, ha perdido en el camino muchas cosas importantes"

-¿Qué te han enseñado las mujeres?-Últimamente me han enseñado muchas cosas, entre las que destaco la necesidad de escuchar sin intentar controlar, ni atrapar, ni decir lo que se tiene que hacer. A partir de ahí es posible vivir momentos maravillosos.
-Detrás de las páginas del libro y tus reflexiones parece que vislumbramos a un Ricardo Coler que se identifica con aquello que va descubriendo. ¿Qué te une a lo femenino?-Esa es una pregunta que me hago a menudo y confieso que, aunque me genera mucha curiosidad, no consigo contestarla. Eso supongo que es lo que me hace editar una revista cultural como "Lamujerdemivida" y a escribir un libro tras otro en la misma línea. Si me pregunto por qué lo hago, te diría que no lo sé. Al principio, cuando empezamos a hablar creo que te di una respuesta muy superficial. Este tema me atrae poderosamente y sólo sé que cuando me pongo a escribir sobre ello me pasa el tiempo sin darme cuenta. Por más que pretenda escribir sobre otras cosas, siempre acabo aquí. Sinceramente, no sé por qué. §

FUENTE: REVISTA  FUSION

jueves, 22 de agosto de 2013

Las puertas del paraíso, de Yiyun Li




Entrevista a Yiyun Li, autora de "Las puertas del paraíso" (Lumen)

Yiyun Li, autora de Los buenos deseos (Lumen, 2007) -conjunto de relatos que obtuvo excelentes críticas y numerosos premios-, publica ahora su primera novela, una historia ambientada en la China comunista de 1979.


Por Eva Orúe Tiene Yiyun Li una manera dulce de encarar a su interlocutor, unos modos suaves que remiten al tono amable de su novela. Afortunadamente para quien la entrevista, hablar con ella es menos traumático que leer Las puertas del paraíso, porque en directo, al contrario de lo que ocurre con la obra, tras esa dulzura no se agazapa horror alguno. La novela es la historia de un descubrimiento: el de los sentimientos de una ciudad que se desnuda tras la abominable ejecución de una mujer en la China comunista de finales del siglo XX. Con este libro espléndido, inquietante, que ha merecido el elogio unánime de la crítica estadounidense, Li vuelve al territorio que transitó en Los buenos deseos , libro de relatos que Lumen publicó en 2007. Sigue escribiendo para entender lo que pasó. Y, al hacerlo, consigue que nosotros nos asomemos a una historia no tan lejana. Déjeme que le pregunte primero por su idioma de escritura que es el inglés, y no el chino. ¿Hay alguna razón, además, obviamente, del hecho de que vive en Estados Unidos desde 1996? Bueno, inglés es el único «otro idioma» que conozco más allá del chino. Y no, no escribo en chino, nunca lo he hecho. No sé qué decirle, el inglés es una opción natural para mí. Podría decir que el inglés es mi idioma materno como escritora, ni escribo ni he escrito nunca en chino así que no puedo comparar. Además, pienso en inglés, no voy traduciendo. Bueno, he de traducir situaciones, o aspectos, pero sólo eso. No escribe en su idioma materno pero sí sobre su país natal, una y otra vez. Pero es inevitable, porque China es parte de mí. Vivir en Estados Unidos, ¿le facilita la tarea de escribir sobre su país y su gente? Sí, para mí es más fácil porque para mí la distancia física, la distancia geográfica, es muy importante. Sin duda, la idea de estar fuera me ayuda a escribir. ¿Necesita también explicarse lo que pasó allí, necesita escribirlo para entenderlo? Es verdad que cuando siento curiosidad sobre algo, cuando intento entender un fenómeno o algunos acontecimientos que pasaron en China, me pongo a escribir para entender. Así que lo hago sobre todo para satisfacer mi curiosidad. Usted ha declarado que no es una escritora política. Sí. Pero sus libros son políticos. Para mí, ser un escritor político, comprometido, significa que tienes un programa, y yo no tengo un programa. Creo que es muy peligroso tener uno cuando empiezas a escribir, porque entonces haces lo opuesto a la propaganda comunista, pero haces propaganda. Así que no soy política en el sentido de que no tengo en mi narrativa una posición que he de defender, puedo tenerla en la vida real pero no en mi literatura. No obstante, por supuesto mis libros son muy políticos porque el siglo pasado China fue un lugar muy político y esa historia no se puede obviar. En ese sentido, y como yo sigo a mis personajes, el libro sí es político, y el ambiente que describo es político. También ha dicho que no es una escritora autobiográfica. Sí. Pero lo es. ¿Lo soy? Bueno, depende de cómo defina «autobiográfico». No escribo sobre mis historias, pero sí sobre mi memoria. Estos personajes, a veces, proceden de mis recuerdos, pero desde ese origen hasta, por así decirlo, el producto final, he de inventar sus historias y esas historias vienen de mi imaginación, más que de mi experiencia. Creo que cuando otros autores hablan de «autobiográfico» se refieren a sus propias experiencias, pero mis propias experiencias me interesan mucho menos que saber cómo viven esos personajes. Si viajáramos con usted hasta sus años chinos, ¿encontraríamos alguien como Nini o como el Maestro Gu? Sí, sí, en mis recuerdos hay gente así. Conocí sus caras y a veces también sus historias, lo que les pasó, pero no conocí su mundo interior, y escribir es buscar su mundo interior. La ciudad donde todo ocurre, Río Turbio, está inspirada en la ciudad de su marido… Su ciudad natal. Claro, no era exactamente igual, aunque él dibujó un mapa para mí muy detallado, y yo puse la casa de cada personaje en el mapa, así que físicamente era muy parecida a su ciudad natal. La lectura de la novela es placentera, pasan cosas con toda naturalidad, y de la misma manera natural, de pronto, describe los hechos más atroces. Desde luego, no planifico las cosas para impactar a los lectores, ni para incomodarlos, pero creo que cuando escribes un libro, cuando reflexionas sobre estas cosas, cuando estás tanto tiempo viviendo con los personajes, simplemente llegas a describir el mundo desde su punto de vista. Pero, por poner un ejemplo, describe la tortura a la que es sometida la hija de Gu como si tal cosa. ¡Pero es algo que no se puede evitar! Es lo que pasó… No creo que el escritor deba apartar sus ojos de los momentos horribles… Y a diferencia del cine, no puedes utilizar la música, o recurrir a esos instrumentos visuales para advertir al lector. Se trata de describir las cosas lo más sencillamente posible, lo más objetivamente posible. Es lo mejor. ¿Cuál es su relación con los personajes? Los quiero, a cada uno de ellos. Incluso a los más malos. ¿Sabe? No hay personaje malo para mí, son todos buenos. Pueden ser mala gente, pero buenos personajes. Es una experiencia divertida, cuando eres escritor vives con tus personajes incluso más que con la gente que te rodea, ves a tu marido y a tus hijos por la mañana y por la noche, y entre medias vuelves a ese otro mundo, a vivir con esta gente. Me sentí muy ligada a ellos mientras estuve escribiendo, pero llega un momento en el que tienes que cortar esas ligaduras y decirles: sal al mundo, ya no te necesito. ¡Es como independizar a un hijo! Los niños son esenciales en su historia… Déjeme decirle que los niños y, me atrevo a decir, los animales son parte esencial del mundo que describo. Los animales son muy mal tratados en el libro, y los niños no reciben un trato mucho mejor porque de alguna manera no son considerados seres humanos completos, y por tanto no se les trata con respeto, ni compresión ni afecto. Eso sí: están en una posición espléndida para contemplar el mundo porque sí son seres humanos, y sí tienen sentimientos… Sí, me gustan los niños de esta novela, es así como ellos miran el mundo, sus puntos de vista son los menos corruptos, los menos contaminados. Es casi doloroso: sigues a esos niños por las páginas del libro, te sientes triste por ellos, sufres por ellos y de pronto piensas: pero, ¿cómo pueden actuar de esta manera tan horrible? Lo sé, lo sé, son niños, pero eso no quiere decir que sean inocentes. Sobre todo Bashi, que es algo así como el tonto del pueblo. No quiero hacer de ellos ángeles, o convertirlos en bellísimos seres humanos, porque son capaces de hacer cosas horribles, como sus padres o sus vecinos. Aunque es más triste en su caso, al menos para mí. Aun a riesgo de parecer infantil, quiero preguntarle: ¿Ha llegado a entender cómo la gente puede ser tan mala? Por miedo, porque es parte de la naturaleza humana, por hambre de poder… No lo sé, pero sí sé que la gente puede ser terrible unos con otros y eso pasa una y otra vez. Volviendo a sus personajes, creo adivinar que, entre todos, el Maestro Gu es su favorito… Me siento muy cerca de él, era el único que tiene un sentido completo del mundo, tiene una educación occidental, lee a Kant, antes era un filósofo, un educador, conocía el mundo y la historia más que los demás… pero al final abandona. Es quizá lo más penoso del libro: ver a una persona como él, a un intelectual, rindiéndose. Y sí, me sentí muy cerca de él. De hecho, suelo decir que durante la escritura viví con todos los personajes pero viví en el Maestro Gu. A Las puertas del paraíso se agolpan los héroes, aunque todos son gente corriente… Quería explorar el concepto del heroísmo, porque nosotros crecimos en una cultura en la que héroes y heroínas eran muy respetados, todo el mundo quería ser un héroe. Y el sacrificio es una parte importante del ser héroe. Así que quería rascar la superficie de los héroes y las heroínas para ver cómo son realmente. Al mismo tiempo, aunque a los héroes se les atribuye la voluntad de cambiar las cosas, sus héroes son fatalistas… Mucha gente dice que soy una escritora fatalista, lo cual probablemente es cierto. Pero piense en esa gente, que vive esa vida, quiere amar, tener familia, desarrollar sus carreras… Y siempre hay un poder superior que los maneja, que marca su suerte, algo de lo que a veces no se dan cuenta hasta que son movidos de un sitio a otro. Sí, es una visión del mundo muy fatalista. En todo este tiempo, ¿ha vuelto a China? Sí, he vuelto. ¿Leen allí sus libros? ¿Qué le dicen? No hay traducciones, aunque se pueden adquirir las ediciones inglesas y estadounidenses de mis libros. Y la reacción no es muy positiva, tienden a ser negativos porque creen que los trapos sucios hay que lavarlos en casa. La gente es muy sensible, se puede herir sus sentimientos muy fácilmente… El mundo que usted nos describe, ¿pervive? Hay cambios, por supuesto, el libro está ambientado en los 70 del siglo pasado. Pero tiendo a creer que los cambios son superficiales. Sí, las ciudades tienen nuevas calles, rascacielos, más gente, algunas cosas van mejor, pero si miras debajo de la superficie la gente es la misma, los seres humanos evolucionan más lentamente. A mí me gustan los autores rusos, y si lees a Dostoieveski y sabes lo que pasó después en la Rusia soviética te das cuenta de que las cosas no cambian tanto, 200 años antes o 20 después… Sabía que le gustaban los rusos porque en alguna ocasión ha dicho que escribe para hablar con los grandes escritores, con Tolstói y Chéjov… Dos grandes maestros para mí. Y sí, escribo para hablar con ellos, porque esa es la parte divertida de escribir. Además, la han comparado o relacionado con Pamuk y Coetzee… No creo estar relacionada con ellos, pero veo la influencia. Quizá más por Coetzee porque me gusta su trabajo. Pamuk también, y está en la frontera entre el Este y el Oeste… Es un llamativo fenómeno, el de los muchos escritores chinos escribiendo sobre China desde fuera de China… He de decir que no los conozco personalmente; bueno, he conocido a alguno pero no tenemos una relación como para decir: somos una generación. Porque yo no pienso en mí misma como en una escritora china viviendo en el Oeste, o como una emigrante… Creo que esas clasificaciones no me afectan. Venimos del mismo sitio, y escribimos sobre China… pero de maneras diferentes. Tengo entendido que está trabajando en una segunda novela, y que también está ambientada en China. Parcialmente. Una parte en China y la otra parte yo diría que en el mundo. ¿Se siente preparada para escribir una novela ambientada en los EE UU? ¿Por qué no? Si hay algo que me fascina no me importa donde esté: en Irlanda, Estados Unidos, España o China. Lo único que necesito es saber de qué estoy hablando. Y ahora ya conozco Estados Unidos realmente bien. En cierto modo, volvemos al principio: escribir para explicar, y para entender. Algunos dirán que para eso están los libros de historia… Los libros de historia son sobre todo sobre estadísticas, no van a la mente de las personas, ni a la vida concreta de las personas concretas. Sin embargo, la narrativa puede ser muy fuerte mostrando la vida individual, y para mí esa es la belleza de la narrativa, que llegas a conocer a esa gente, a la que no puedes conocer en los libros de historia. Alguien dijo que la única patria es la infancia. Quizá por eso vuelve siempre a su país natal… ¿Sabe? En los últimos años he sufrido un cambio. Durante un tiempo no hacía más que decir: “volvamos a China”, porque siempre quieres volver a ver a los tuyos. En algún momento, eso pasó a ser: vamos a China… pero volvamos a Estados Unidos, y volver a América ya era volver a casa. Ahora no me siento atada a ningún sitio hasta el punto de pensar que nunca lo abandonaría. Podría vivir en cualquier lugar, y de hecho no me importaría hacerlo... Precisamente, el título original de su novela es The Vagrants , los vagabundos… Y en el libro hay dos vagabundos. ¿Son ellos, los del título? Hay una pareja, los Hua, que son los vagabundos oficiales. Pero en realidad cuando lo puse pensaba en todos ellos, porque los personajes del libro no están asentados, están como flotando en este lugar.

lunes, 19 de agosto de 2013

Ann Hui, una directora de Hong Kong

Entrevista a la directora de cine hongkonesa Ann Hui julio 12, 2011

 En su primera edición el Casa Asia Film Week rindió homenaje a una de las directoras asiáticas más reputadas, perteneciente a la Nueva Ola de Cine de Hong Kong. Nos referimos a la directora china Ann Hui. Ann Hui, nacida en el norte de China y de madre japonesa, es una de las realizadoras más representativas del cine de Hong Kong. Pertenece a la Nueva Ola (que eclosiona a finales de los años setenta), ingeniosamente definida por el cineasta Allen Fong como una “generación que tuvo suerte”: nacida tras la guerra, en un periodo de auge cultural y económico, alimentados de cine (la única diversión de la época), y los primeros en estudiar cine en el extranjero y en aprovecharse del desarrollo de la televisión. Tuvimos la oportunidad de conversar con ella tras la rueda de prensa que ofreció en Casa Asia. Os dejamos con sus respuestas. 

CineAsia: Cuando se plantea hacer una película, ¿el objetivo máximo que tiene es crear un espacio de libertad, que el público se identifique y algo pueda cambiar a mejor? 

 Ann Hui: No tengo una intención vocacional con mis películas; sin embargo a mí sí que otros films que considero muy importantes me han hecho cambiar mi visión respecto a la vida. Lo único que intento es explicar con sinceridad un hecho cotidiano. No es lo que yo espero que pase con mis películas aunque sería estupendo que sucediera. 

ineAsia: Entonces, una película como All About Love ¿no está concebida para que el público reflexione acerca de temas como la bisexualidad o la homosexualidad?

 Ann Hui: En este caso particular sí que existe un poco de intención, porque siempre hay una barrera con el tema de la homosexualidad, aunque yo quería dar una visión más intelectual del asunto, algo más contundente. 

CineAsia: En Hong Kong, ¿qué tipo de público suele acudir a ver las películas de Ann Hui? 

 Ann Hui: Es curioso, porque cuando voy por la calle encuentro muchísima gente que me dice “soy fan tuyo”, pero luego esto no se refleja en la taquilla. 

CineAsia: ¿Puede ser porque la gente de clases sociales más bajas no tiene tanto poder adquisitivo para poder ir al cine y los dramas sociales que representa reflejan precisamente a este tipo de personas? 

Ann Hui: Ahora resulta más difícil valorar el tipo de público que ve mis películas porque antes se tenía que ir al cine y en cambio ahora gracias al dvd y a las descargas que se realizan mucha gente lo ve en su casa. 

CineAsia: ¿De todas las películas que ha rodado, cuál ha sido la que más dificultades le ha creado a nivel general? Ann Hui: En 1986 rodé una película de kung-fu llamada The Romance of Book and Sword que supuso un trabajo muy duro de documentación, sobre todo lo relativo a la dinastía Quing. Además tuve muchos problemas con la financiación porque debido a los fastuosos vestuarios de época me pasé del presupuesto. 

CineAsia: ¿Por qué muchos directores chinos coetáneos a usted no han tenido la oportunidad de realizar películas en Hong Kong? Ann Hui: Es muy difícil rodar en Hong Kong porque no hay presupuestos, y si se realiza una inversión es muy difícil llegar a recuperarla. Si las películas no se proyectan después en China es como un proyecto a fondo perdido. 

CineAsia: A la hora de escoger los títulos de sus películas, ¿éstos ya se eligen a priori desde el guión o bien se le ocurren a posteriori durante los rodajes? Ann Hui: Normalmente, en primer lugar tengo la idea y después surge el título, excepto cuando realizo adaptaciones de novelas. 
Cineasia: ¿A qué directores chinos o taiwaneses actuales no debemos perderles la pista? 
 Ann Hui: A parte de los grandes nombres que ya son conocidos, hay varios directores jóvenes como por ejemplo Cheng Yu-Chieh, un director de tan sólo treinta años que escribe sus propios guiones y realiza un tipo de cine muy maduro para lo joven que es. Su película más destacada es Yang Yang. En cuanto a las directoras, me gusta mucho el cine de Barbara Wong, con películas como Perfect Wedding o Break Up Club. 
CineAsia: ¿Cuándo comenzó Ann Hui a interesarse por el mundo del cine? 

Ann Hui: Mis primeras memorias son las de ir con mi tía cuando tenía cinco años a ver Rebeca de Alfred Hitchcock, sobretodo recuerdo al ama de llaves. Más tarde en mis años de universidad fue cuando cobré conciencia de que quería hacer cine, por lo que decidí apuntarme a la Escuela de Cine en Londres. 
CineAsia: Para alguien que no conozca su cine, ¿cómo describiría sus películas? 

Ann Hui: Mi cine es un cine muy ecléctico. He trabajado en tantos campos que es muy difícil definirlo. Al principio de mi carrera siempre estaba sujeta a las dificultades de la financiación y ya con el tiempo comencé a hacer este tipo de cine donde se amalgaman varias tendencias, un cine que no es puro, no es de género, sino que está compuesto de diferentes elementos, aunque algunas de mis primeras películas sí que eran más homogéneas en ese sentido. Por nuestro colaborador Francisco Nieto