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martes, 5 de agosto de 2014
jueves, 1 de noviembre de 2012
En los albores de la Guerra Civil española
Historia del RIF 1:17mim
Si olvidamos la historia estamos condenados a repetirla. Esta parte de la historia a penas se conoce en las escuelas, se pasa por encima cuando están muchas de las raíces que provocaron la Guerra Civil, la xenofobia y el racismo hacia nuestros vecinos, hacia nuestras raíces. Busquemos comprender, conocer para saber quiénes somos y caminemos hacia la conciliación y la dignidad humana.
martes, 24 de enero de 2012
La emigración a los ojos de Mohamed Chukri
Mohamed Choukri, considerado como uno de los más prodigiosos autores del mundo árabe y analfabeto hasta la edad de 21 años, escribió una de las más famosas obras de la literatura marroquí contemporánea: "El pan desnudo", una autobiografía de Mohamed Chukri que durante 17 años encabezó la lista de libros prohibidos en Marruecos.La revista digital “Pliegos de Opinión” quiso homenajear su figura y su obra con este informe especial en el que publicaron el texto inédito de Mohamed Chukri titulado Raíces. También incluyeron varios artículos seleccionados en la red, una entrevista, una reseña del último libro suyo publicado en España "Rostros", amores, maldiciones y una breve nota biográfica del autor.
NOS QUEDA LA PALABRA TESTIMONIOS DEIDAD SOLIDAR
MOHAMED CHOUKRI
FUENTE: PLIEGOSDEOPINION
…La emigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera. Si la emigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido, actualmente, en una antecámara de la muerte, real o metafórica. La candidatura a la emigración es una candidatura a la muerte. Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado en brazos de la aventura, el emigrante no lleva con él más que un rayo de esperanza y un asustado soplo de dignidad…
…El litoral español se alcanza desde Tánger en menos de una hora.
El transportista hace pagar caro este sueño a aquel que quiere ir a su encuentro. Millares de dirhams. Una suma con frecuencia difícilmente adquirida. Estos Ulises modernos no vuelven siempre de sus aventuras. Los dioses del Olimpo han emigrado ellos también.
El abismo que separa a los países ricos de los países pobres es más profundo que nunca. La sociedad de consumo, la opulencia de Occidente, el mito de la democracia, han operado una fascinación inigualable sobre los pobres del tercer mundo… En mi país, centenares de clandestinos intentan cada día atravesar el Estrecho, arriesgando sus vidas sobre pequeñas barcas. Obstinados en su búsqueda de la tierra prometida, provocan a la muerte… Europa asiste actualmente a este fenómeno con angustia. Ve su ciudadela asediada por todas partes y, para protegerse intenta (quiere) transformar sus fronteras en una fortaleza inexpugnable.
La muralla de hierro se transforma en una muralla de arena. Que quiere la Europa opulenta si no salvaguardar su riqueza.
FUENTE: PLIEGOSDEOPINION
…La emigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera. Si la emigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido, actualmente, en una antecámara de la muerte, real o metafórica. La candidatura a la emigración es una candidatura a la muerte. Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado en brazos de la aventura, el emigrante no lleva con él más que un rayo de esperanza y un asustado soplo de dignidad…
…El litoral español se alcanza desde Tánger en menos de una hora.
El transportista hace pagar caro este sueño a aquel que quiere ir a su encuentro. Millares de dirhams. Una suma con frecuencia difícilmente adquirida. Estos Ulises modernos no vuelven siempre de sus aventuras. Los dioses del Olimpo han emigrado ellos también.
El abismo que separa a los países ricos de los países pobres es más profundo que nunca. La sociedad de consumo, la opulencia de Occidente, el mito de la democracia, han operado una fascinación inigualable sobre los pobres del tercer mundo… En mi país, centenares de clandestinos intentan cada día atravesar el Estrecho, arriesgando sus vidas sobre pequeñas barcas. Obstinados en su búsqueda de la tierra prometida, provocan a la muerte… Europa asiste actualmente a este fenómeno con angustia. Ve su ciudadela asediada por todas partes y, para protegerse intenta (quiere) transformar sus fronteras en una fortaleza inexpugnable.
La muralla de hierro se transforma en una muralla de arena. Que quiere la Europa opulenta si no salvaguardar su riqueza.
Mohamed Chukri
RAÍCES(TEXTO INÉDITO DE MOHAMED CHOUKRI)
FUENTE: LA REVISTA DIGITAL “PLIEGOS DE OPINIÓN”
Aquellos que han leído mi autobiografía, El pan desnudo , saben que soy hijo de la inmigración.
MOHAMED CHOUKRI
Fue en los años cuarenta. Mi territorio de origen, el Rif, padeció una terrible sequía. Los míos, como todos los demás, fueron arrojados a los caminos por el hambre y la escasez. Tomaron los caminos del exilio; unos hacia Orán, otros hacia la zona norte de Marruecos y especialmente a Tánger. Desde Beni Chiker, aldea próxima a la ciudad de Melilla, transportamos un sólo y único bien: el rifeño, nuestra lengua.
Tenía siete años cuando encallé en Tánger, el Paraíso de la época. Y, cuando quería jugar con otros niños del arrabal donde mis padres habían plantado su barraca, encontré la persecución: - “Vete de aquí, hijo del hambre”. “¡Largo! ¡Fuera, rifeño!”
¿Será natural la crueldad en los niños? En cualquier caso, sabe ser espectacular.
En este mismo arrabal vivían gitanos y andaluces, tan marginados como nosotros, los rifeños, pero gozando de un estatus menos precario que el nuestro. Hacía mucho tiempo que estaban instalados allí. Ganaban su vida algunas veces haciendo trabajos manuales, otras veces robando. Sus hijos me aceptaron y trataron como uno de ellos. Unía con frecuencia mi fuerza a la suya para atacar a los otros niños del suburbio, los más violentos, los marroquíes. Estos niños gitanos y andaluces me enseñaron no solamente a defenderme, los niños hablan sobre todo con el lenguaje del cuerpo, sino también a pronunciar las primeras palabras en español. Es así como aprendí el español antes que el dialectal marroquí. La lengua del exilio.
Todavía hoy, el Mediterráneo es un espacio de exilio, de inmigración. El hambre no es tan violenta como en el pasado, pero ha dejado paso a sus secuelas: el marasmo económico, la elevada tasa de paro, los accidentes ecológicos, la guerra étnica, todos vectores del mismo efecto inhumano, todos fuente de desestabilización.
Estos factores están en el origen del desplazamiento masivo y con frecuencia incontrolado de hombres en una geografía perturbada por la Historia –antigua y moderna-, por las ideologías y los sistemas económicos. Así, se vuelve difícil hablar actualmente del porvenir del Mediterráneo sin vernos enfrentados a esta siniestra realidad.
El escenario actual es sombrío, casi apocalíptico, como ya constaté en 1993 en otra comunicación. Todavía hoy, me veo obligado, moral y humanamente, a denunciar:
• El fenómeno de los espaldas mojadas . • El fenómeno de las barcas de la muerte ( pateras )
La emigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera. Si la emigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido, actualmente, en una antecámara de la muerte, real o metafórica. La candidatura a la emigración es una candidatura a la muerte. Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado en brazos de la aventura, el emigrante no lleva con él más que un rayo de esperanza y un asustado soplo de dignidad. Conozco los asuntos de la vida errante. Yo también he sido perseguido por niños y viejos, pero me fue dado aprender la lengua de mis perseguidores. Es verdad que intentaba entonces disimular mi acento para ocultar mi origen indeseable en una sociedad que despreciaba a los rifeños. Pero terminé por triunfar sobre esta lengua estructurada y poderosa, clara y extranjera. La sometí a mi ley. La vencí.
¿De qué triunfo se jacta el actual emigrante? ¿Sobre quién?
SUEÑOS ROTOS EN EL MAR
Asistimos actualmente a una pérdida de valores morales que provoca por todas partes un estallido de las sociedades que las han producido. La costa sur ha aceptado también la filosofía de “el tiempo es oro”. Intenta, también ella y por todos los medios, hacer suyas las ideas utilitaristas y la lógica cartesiana. Favorece a los grupos económicamente fuertes. Aparca a sus marginados en las zonas periféricas. Todo eso tiene como consecuencia que los jóvenes, hombres y mujeres, sueñen con otra tierra, con otra vida. Ocurre que son justamente los menos tocados por el virus del fracaso. Ocurre que, justo frente a ellos, en la punta de sus miradas, espejea una tierra más clemente, o así lo creen ellos, la de la ribera norte. La desean. La codician. La acarician. Desean, cueste lo que cueste, fundirse con ella.
Adelante, hacia la aniquilación.
El litoral español se alcanza desde Tánger en menos de una hora.
El transportista hace pagar caro este sueño a aquel que quiere ir a su encuentro. Millares de dirhams. Una suma con frecuencia difícilmente adquirida. Estos Ulises modernos no vuelven siempre de sus aventuras. Los dioses del Olimpo también han emigrado.
El abismo que separa los países ricos de los países pobres es más profundo que nunca. La sociedad de consumo, la opulencia de Occidente, el mito de la democracia, han operado una fascinación inigualable sobre los pobres del tercer mundo. En los países ex-comunistas, millares de personas tenían sus maletas ya hechas, aguardando una aparente esperanza, para venir a la Europa rica. En mi país, centenares de clandestinos intentan cada día atravesar el Estrecho, arriesgando sus vidas sobre pequeñas barcas. Obstinados en su búsqueda de la tierra prometida, provocan a la muerte. Italia conoce este problema. Europa actualmente asiste a este fenómeno con angustia. Ve su ciudadela asediada por todas partes y, para protegerse, intenta (quiere) transformar sus fronteras en una fortaleza inexpugnable.
La muralla de hierro se transforma en una muralla de arena. ¿Qué quiere la Europa opulenta si no salvaguardar su riqueza?
En el Mediterráneo la situación es esquizofrénica. Los países, divididos geográfica y psicológicamente por un modelo nórdico y materialista, buscan soluciones tecnológicas a problemas culturales y sociales, y con la intuición de que las soluciones no podrán ser más que intelectuales; adoptan estrategias inadecuadas. Pues la respuesta a todas nuestras cuestiones puede encontrarse en el pensamiento mediterráneo y orientalista de nuestros humanistas. La hazaña de Ulises puede servir de modelo. Este héroe que surca los mares, errando durante diez años en busca de la verdad, era un emigrante que Ítaca ve volver tranquilizado por la sabiduría y profundamente humanista gracias a su periplo.
Yo fui Ulises, en un momento de mi vida. ¿He dejado de serlo?
He recorrido un periplo como el suyo. Lo recorro aún. Mi espacio de aventura es un espacio escriptural. Mi madre es la escritura. Mis pruebas son de orden intelectual.
Recuerdo que mi madre me obligaba a hablar en rifeño y me prohibía hablar otra lengua que no fuese aquélla. Nacido en el Rif, yo debía continuar hablando la lengua de mi tierra, decía. La muerte liberó a mi hermano Abdelkader de esta guerra. A mis otros hermanos y hermanas, hijos e hijas del exilio, no les concernía esta batalla. Eran libres de utilizar la lengua de sus ancestros o la de su tierra natal.
Como ustedes saben sin duda, no supe leer y escribir hasta los veinte años. Aprender una lengua que no era la mía y poseerla fue una prueba, un desafío antes de ser una profesión. Aprendí el árabe clásico con los límites que se imponen a un autodidacta. Sin embargo, alcancé a enseñarlo en las escuelas primarias y secundarias. He podido escribir libros gracias a esta lengua. Solamente, a pesar de mis esfuerzos, a pesar de toda mi voluntad de expresarme en esta nueva lengua, una nostalgia silenciosa y no obstante viva me ata a la orilla de mi lengua materna y sólo se aplaca con su utilización. No soy más que un niño adoptivo en todas las lenguas que utilizo para hablar o para escribir, incluso la lengua del Profeta: no puede colmar el vacío que me ocasiona la ausencia de mi primera lengua, aquélla de la que fui desposeído.
En el exilio, cuando todas las lenguas valen, he hecho de la lengua árabe un instrumento para comunicarme con la sociedad en la que vivo. No me arrepiento de haber aprendido el árabe y de haber escrito en árabe todos mis libros. Diré más, me siento privilegiado frente a mis compatriotas que utilizan otras lenguas distintas a la de su sociedad de origen y que son tratados de ingratos y renegados a pesar de su genio.
No me digan que este juicio es anacrónico... La sociedad árabe posee un pensamiento atrofiado, y tenemos el ejemplo de este poeta bereber que escribe sus poemas en un francés sublime y que sin embargo ha soñado siempre con poder hacerlo en árabe. Reconocía que esta lengua era superior. Era el único que la recordaba tal como la había aprendido en la escuela coránica. Mohamed Kheireddine murió sin poder poseer esta lengua árabe, pura y grandiosa.
Entonces, ¿qué es la escritura? ¿Qué es la expresión?
Imaginad una lengua en hibernación. Imaginad un hombre que intenta usar esta lengua para expresarse. Tal es mi situación cara a esta lengua que me es extranjera.
Dicen que el que encuentra refugio en una lengua que no es la suya está mejor armado para dominarla. La perfecciona mejor que sus nativos. Este es el caso de Conrad, Beckett, Nadokov, Ionesco, Gibran Khalil Gibran...
¿Por qué? La única cosa que puedo afirmar es que la escritura tiene sus secretos, sus misterios que no penetramos impunemente: nos poseen y nos sentimos poseídos por ellos.
Actualmente, mi lengua es la que me permite escribir y el rifeño ha terminado por ser una nostalgia, la de un sueño.
Para el niño de la emigración, para el amante de la escritura, para el autodidacta que no ha cesado de sumergirse en la nostalgia de un sueño, el Mediterráneo es un mar, un periplo, un sueño iniciático, el espacio del Humanismo, el crisol de civilizaciones. Pero ninguna civilización es producto del azar. Es un largo proceso de humanización. No importa qué tribu puede poseer una cultura pero, ¿podemos hablar también de civilización? Los pueblos del Mediterráneo han vivido siempre en ciudades: Alejandría, Cartago, Atenas, Roma, Cádiz (Gades), Tánger... Ellos han forjado una civilización y es por ello por lo que estoy convencido de la fuerza de la percepción, de la capacidad intelectual que nosotros, mediterráneos, tenemos para hacer frente al peligro que amenaza nuestras riberas, nuestras culturas y nuestros hombres, si persistimos en querer seguir ciegamente el modelo nórdico.
El modelo nórdico, utilitarista y racionalista, es útil cuando se trata de organizar el trabajo o de optimizar el rendimiento; pero corresponde al Humanismo de las viejas culturas mediterráneas colmar ese modelo nórdico, insuflarle valores humanos.
Se me alcanza que, para sobrepasar el actual peligro, no hay que culpar ni a las religiones ni a las razas; después de todo, es el hombre quien interpreta los libros y es de sus actos de los que brota la ambigüedad. Es necesario volver a los fundamentos de las culturas, al humanismo que tuvo nacimiento en el Mediterráneo. Es el único modo de humanizar las sociedades de consumo.
Acaso algunas veces con poco se puede llegar a encontrar bastante...
FUENTE: http://www.alhucemaspress.com/index.php?option=com_content&view=article&id=161&Itemid=175
FUENTE: LA REVISTA DIGITAL “PLIEGOS DE OPINIÓN”
Aquellos que han leído mi autobiografía, El pan desnudo , saben que soy hijo de la inmigración.
MOHAMED CHOUKRI
Fue en los años cuarenta. Mi territorio de origen, el Rif, padeció una terrible sequía. Los míos, como todos los demás, fueron arrojados a los caminos por el hambre y la escasez. Tomaron los caminos del exilio; unos hacia Orán, otros hacia la zona norte de Marruecos y especialmente a Tánger. Desde Beni Chiker, aldea próxima a la ciudad de Melilla, transportamos un sólo y único bien: el rifeño, nuestra lengua.
Tenía siete años cuando encallé en Tánger, el Paraíso de la época. Y, cuando quería jugar con otros niños del arrabal donde mis padres habían plantado su barraca, encontré la persecución: - “Vete de aquí, hijo del hambre”. “¡Largo! ¡Fuera, rifeño!”
¿Será natural la crueldad en los niños? En cualquier caso, sabe ser espectacular.
En este mismo arrabal vivían gitanos y andaluces, tan marginados como nosotros, los rifeños, pero gozando de un estatus menos precario que el nuestro. Hacía mucho tiempo que estaban instalados allí. Ganaban su vida algunas veces haciendo trabajos manuales, otras veces robando. Sus hijos me aceptaron y trataron como uno de ellos. Unía con frecuencia mi fuerza a la suya para atacar a los otros niños del suburbio, los más violentos, los marroquíes. Estos niños gitanos y andaluces me enseñaron no solamente a defenderme, los niños hablan sobre todo con el lenguaje del cuerpo, sino también a pronunciar las primeras palabras en español. Es así como aprendí el español antes que el dialectal marroquí. La lengua del exilio.
Todavía hoy, el Mediterráneo es un espacio de exilio, de inmigración. El hambre no es tan violenta como en el pasado, pero ha dejado paso a sus secuelas: el marasmo económico, la elevada tasa de paro, los accidentes ecológicos, la guerra étnica, todos vectores del mismo efecto inhumano, todos fuente de desestabilización.
Estos factores están en el origen del desplazamiento masivo y con frecuencia incontrolado de hombres en una geografía perturbada por la Historia –antigua y moderna-, por las ideologías y los sistemas económicos. Así, se vuelve difícil hablar actualmente del porvenir del Mediterráneo sin vernos enfrentados a esta siniestra realidad.
El escenario actual es sombrío, casi apocalíptico, como ya constaté en 1993 en otra comunicación. Todavía hoy, me veo obligado, moral y humanamente, a denunciar:
• El fenómeno de los espaldas mojadas . • El fenómeno de las barcas de la muerte ( pateras )
La emigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera. Si la emigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido, actualmente, en una antecámara de la muerte, real o metafórica. La candidatura a la emigración es una candidatura a la muerte. Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado en brazos de la aventura, el emigrante no lleva con él más que un rayo de esperanza y un asustado soplo de dignidad. Conozco los asuntos de la vida errante. Yo también he sido perseguido por niños y viejos, pero me fue dado aprender la lengua de mis perseguidores. Es verdad que intentaba entonces disimular mi acento para ocultar mi origen indeseable en una sociedad que despreciaba a los rifeños. Pero terminé por triunfar sobre esta lengua estructurada y poderosa, clara y extranjera. La sometí a mi ley. La vencí.
¿De qué triunfo se jacta el actual emigrante? ¿Sobre quién?
SUEÑOS ROTOS EN EL MAR
Asistimos actualmente a una pérdida de valores morales que provoca por todas partes un estallido de las sociedades que las han producido. La costa sur ha aceptado también la filosofía de “el tiempo es oro”. Intenta, también ella y por todos los medios, hacer suyas las ideas utilitaristas y la lógica cartesiana. Favorece a los grupos económicamente fuertes. Aparca a sus marginados en las zonas periféricas. Todo eso tiene como consecuencia que los jóvenes, hombres y mujeres, sueñen con otra tierra, con otra vida. Ocurre que son justamente los menos tocados por el virus del fracaso. Ocurre que, justo frente a ellos, en la punta de sus miradas, espejea una tierra más clemente, o así lo creen ellos, la de la ribera norte. La desean. La codician. La acarician. Desean, cueste lo que cueste, fundirse con ella.
Adelante, hacia la aniquilación.
El litoral español se alcanza desde Tánger en menos de una hora.
El transportista hace pagar caro este sueño a aquel que quiere ir a su encuentro. Millares de dirhams. Una suma con frecuencia difícilmente adquirida. Estos Ulises modernos no vuelven siempre de sus aventuras. Los dioses del Olimpo también han emigrado.
El abismo que separa los países ricos de los países pobres es más profundo que nunca. La sociedad de consumo, la opulencia de Occidente, el mito de la democracia, han operado una fascinación inigualable sobre los pobres del tercer mundo. En los países ex-comunistas, millares de personas tenían sus maletas ya hechas, aguardando una aparente esperanza, para venir a la Europa rica. En mi país, centenares de clandestinos intentan cada día atravesar el Estrecho, arriesgando sus vidas sobre pequeñas barcas. Obstinados en su búsqueda de la tierra prometida, provocan a la muerte. Italia conoce este problema. Europa actualmente asiste a este fenómeno con angustia. Ve su ciudadela asediada por todas partes y, para protegerse, intenta (quiere) transformar sus fronteras en una fortaleza inexpugnable.
La muralla de hierro se transforma en una muralla de arena. ¿Qué quiere la Europa opulenta si no salvaguardar su riqueza?
En el Mediterráneo la situación es esquizofrénica. Los países, divididos geográfica y psicológicamente por un modelo nórdico y materialista, buscan soluciones tecnológicas a problemas culturales y sociales, y con la intuición de que las soluciones no podrán ser más que intelectuales; adoptan estrategias inadecuadas. Pues la respuesta a todas nuestras cuestiones puede encontrarse en el pensamiento mediterráneo y orientalista de nuestros humanistas. La hazaña de Ulises puede servir de modelo. Este héroe que surca los mares, errando durante diez años en busca de la verdad, era un emigrante que Ítaca ve volver tranquilizado por la sabiduría y profundamente humanista gracias a su periplo.
Yo fui Ulises, en un momento de mi vida. ¿He dejado de serlo?
He recorrido un periplo como el suyo. Lo recorro aún. Mi espacio de aventura es un espacio escriptural. Mi madre es la escritura. Mis pruebas son de orden intelectual.
Recuerdo que mi madre me obligaba a hablar en rifeño y me prohibía hablar otra lengua que no fuese aquélla. Nacido en el Rif, yo debía continuar hablando la lengua de mi tierra, decía. La muerte liberó a mi hermano Abdelkader de esta guerra. A mis otros hermanos y hermanas, hijos e hijas del exilio, no les concernía esta batalla. Eran libres de utilizar la lengua de sus ancestros o la de su tierra natal.
Como ustedes saben sin duda, no supe leer y escribir hasta los veinte años. Aprender una lengua que no era la mía y poseerla fue una prueba, un desafío antes de ser una profesión. Aprendí el árabe clásico con los límites que se imponen a un autodidacta. Sin embargo, alcancé a enseñarlo en las escuelas primarias y secundarias. He podido escribir libros gracias a esta lengua. Solamente, a pesar de mis esfuerzos, a pesar de toda mi voluntad de expresarme en esta nueva lengua, una nostalgia silenciosa y no obstante viva me ata a la orilla de mi lengua materna y sólo se aplaca con su utilización. No soy más que un niño adoptivo en todas las lenguas que utilizo para hablar o para escribir, incluso la lengua del Profeta: no puede colmar el vacío que me ocasiona la ausencia de mi primera lengua, aquélla de la que fui desposeído.
En el exilio, cuando todas las lenguas valen, he hecho de la lengua árabe un instrumento para comunicarme con la sociedad en la que vivo. No me arrepiento de haber aprendido el árabe y de haber escrito en árabe todos mis libros. Diré más, me siento privilegiado frente a mis compatriotas que utilizan otras lenguas distintas a la de su sociedad de origen y que son tratados de ingratos y renegados a pesar de su genio.
No me digan que este juicio es anacrónico... La sociedad árabe posee un pensamiento atrofiado, y tenemos el ejemplo de este poeta bereber que escribe sus poemas en un francés sublime y que sin embargo ha soñado siempre con poder hacerlo en árabe. Reconocía que esta lengua era superior. Era el único que la recordaba tal como la había aprendido en la escuela coránica. Mohamed Kheireddine murió sin poder poseer esta lengua árabe, pura y grandiosa.
Entonces, ¿qué es la escritura? ¿Qué es la expresión?
Imaginad una lengua en hibernación. Imaginad un hombre que intenta usar esta lengua para expresarse. Tal es mi situación cara a esta lengua que me es extranjera.
Dicen que el que encuentra refugio en una lengua que no es la suya está mejor armado para dominarla. La perfecciona mejor que sus nativos. Este es el caso de Conrad, Beckett, Nadokov, Ionesco, Gibran Khalil Gibran...
¿Por qué? La única cosa que puedo afirmar es que la escritura tiene sus secretos, sus misterios que no penetramos impunemente: nos poseen y nos sentimos poseídos por ellos.
Actualmente, mi lengua es la que me permite escribir y el rifeño ha terminado por ser una nostalgia, la de un sueño.
Para el niño de la emigración, para el amante de la escritura, para el autodidacta que no ha cesado de sumergirse en la nostalgia de un sueño, el Mediterráneo es un mar, un periplo, un sueño iniciático, el espacio del Humanismo, el crisol de civilizaciones. Pero ninguna civilización es producto del azar. Es un largo proceso de humanización. No importa qué tribu puede poseer una cultura pero, ¿podemos hablar también de civilización? Los pueblos del Mediterráneo han vivido siempre en ciudades: Alejandría, Cartago, Atenas, Roma, Cádiz (Gades), Tánger... Ellos han forjado una civilización y es por ello por lo que estoy convencido de la fuerza de la percepción, de la capacidad intelectual que nosotros, mediterráneos, tenemos para hacer frente al peligro que amenaza nuestras riberas, nuestras culturas y nuestros hombres, si persistimos en querer seguir ciegamente el modelo nórdico.
El modelo nórdico, utilitarista y racionalista, es útil cuando se trata de organizar el trabajo o de optimizar el rendimiento; pero corresponde al Humanismo de las viejas culturas mediterráneas colmar ese modelo nórdico, insuflarle valores humanos.
Se me alcanza que, para sobrepasar el actual peligro, no hay que culpar ni a las religiones ni a las razas; después de todo, es el hombre quien interpreta los libros y es de sus actos de los que brota la ambigüedad. Es necesario volver a los fundamentos de las culturas, al humanismo que tuvo nacimiento en el Mediterráneo. Es el único modo de humanizar las sociedades de consumo.
Acaso algunas veces con poco se puede llegar a encontrar bastante...
FUENTE: http://www.alhucemaspress.com/index.php?option=com_content&view=article&id=161&Itemid=175
sábado, 14 de enero de 2012
Jardines Marjorelle (Marraquech)
El Jardín Majorelle nació como un proyecto de jardín del pintor francés Jacques Majorelle en el año 1931. De ahí que los colores sean tan importantes y tan presentes en el jardín. Años antes el pintor compró el terreno y ahí edificó su vivienda estilo "Art-Nouveau", y aprovechó las nombrosas palmeras existentes para crear el jardín. Debido a su interés por la botánica, fue incluyendo nuevas especies traídas de diversos lugares del mundo para ir aumentando su colección hasta las 300 de hoy en día.
Actualmente, y desde 1980, el Jardín Majorelle pertenece al modista Yves Saint-Laurent, quien se apropió del jardín después de la repatriación y desaparición de Jacques Majorelle en París, y creó una asociación para su conservación y mantenimiento.
Actualmente descansan los restos de Yves Saint Laurent en un rincón del jardin.
Se trata de una reserva natural de cactus, bambúes, buganvillas y muchas otras plantas que rodean un chalé de un color azul cobalto. Hoy en día la pintoresca casa en estilo Art Déco hospeda el Museo de Arte Islámico.
http://www.jardinmajorelle.com/
Cuando entramos en el jardín Majorelle, previo pago de tres euros, el visitante se sume en un país de calma dónde el color y las texturas de plantas provenientes de los cinco continentes conviven exuberantes gracias al toque que su actual propietario, el diseñador de moda Ives Saint Laurent, ha dado en cada rincón después de su restauración.
Una gran colección de cactus de todo el mundo recortan el horizonte de este jardín, unificado por los colores azul, amarillo y verde estuco. Dicen que el diseñador de moda encontraba en los jardines Majorelle la inspiración y la musa para muchos de sus diseños. Realmente no es difícil imaginarse gasas o sedas estampadas con los colores y formas naturales que salpican el jardín. Una larga paleta de verdes, del pastel al hierba, añaden a las perfectas composiciones de volúmenes y texturas un orden y un matiz que transportan a la tranquilidad. Sentarse en uno de sus bancos y ver dejar caer la tarde, con la luz fundiéndose entre las espinas terciopelo, es una verdadera delicia. Y el punto y aparte de estos jardines, que los diferencian eternamente del resto de Marrakech es un azul tan intenso y vívido que por su propia singularidad ha adquirido ya el nombre de Azul Majorelle.
Este jardín está recomendado principalmente a los amantes de las plantas, de los jardines, y sobretodo de los cactus. Existen mil y una variedades, muchas de ellas difíciles de encontrar concentradas en cualquier otro lugar. El jardín está muy limpio y muy bien conservado. A pesar de formar parte de muchos tours turísticos de la ciudad, por la tarde es un lugar bastante tranquilo que invita a sentarse en alguno de sus rincones y dejar caer las horas, que imprimen diferentes formas y texturas a composiciones limpias y neutras.
Jacques Majorelle fue uno de los más reconocidos coleccionistas de plantas. Se entrevé que por encima de todo, los cactus y las palmeras fueron su gran debilidad. Después de su muerte, las manos de un artista y diseñador como Yves Saint Laurent han permitido que el primer objetivo de los jardines perviviera a su creador. Hoy es posible visitarlo y reconocer en muchos espacios la delicada mano de su impulsor.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Madrassa ben Yuseff
Antes de la caída de Granada, y tras la caída del imperio almohade, se creó en el norte del Magreb un nuevo imperio mucho menos rigorista, los benimerines o meriníes (1243-1471) que mantuvieron numerosas luchas contra los cristianos españoles (la famosa Batalla del río Salado) por mantener el control del estrecho de Gibraltar.
Tras su caída aparece la dinastía Said (1527-1659) que recogen a los numerosos emigrantes de Al Andalus (primero los del reino nazarí y posteriormente a los moriscos que se rebelan contra Felipe II en las Alpujarras y más tarde son expulsados por Felipe III).
Todas estas conexiones hacen del arte de estas dos dinastías un estilo directamente entroncado con el mundo nazarí, del que retoman formas, tipologías y decoraciones, aunque sin evolucionar en exceso, dando a su arte un marcado signo conservador.
Quizás el edificio que mejor manifieste la magnificencia de este estilo sea la madrasa de Ben Youssef (Marrakesch), creada en tiempos meriníes y reconstruida en el XVI por los sadíes
Esta construcción era una escuela coránica que con sus más de 130 celdas podía llegar a albergar a más de 900 estudiantes.
Su organización se realiza en trono a un gran patio central, al que se llega por un pasillo transversal (en forma de codo) que permite la intimidad de este centro de la comunidad con una alberca con fuentes y un oratorio en su lado corto.
Este oratorio, con su mirab en la pared frontal, tiene la típica división tripartita, con dos alcobas laterales separadas por arquerías (muy similar a la que podemos encontrar en los reales Alcázares de Sevilla). La parte central la cubre una magnífica bóveda de mocárabes en yeso como las que nos encontramos en la Alhambra.
Las celdas se organizan en los dos lados largos, con ventanas tanto hacia el patio central, como al exterior o a unos diminutos patios que permiten iluminar los pisos bajos. Su espacio interior es mínimo.
La Medersa era una escuela de alto prestigio al estilo universitario, donde se enseñaba teología, derecho coránico, lengua y literatura árabes, astronomía y matemáticas.
Dice Juan Goytisolo, que reside en Marrakech, que la Medersa es el monumento más importante de Marrakech después de la Koutoubía, El escritor suele sentarse en el patio de la Medersa para leer y disfrutarse del silencio y de la tranquilidad.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
LABERINTOS EN ÁFRICA
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